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Revival gustoso del enlace Marcos & Adriana

sábado, 05 de marzo de 2011
Desde siempre y para siempre
“con amor”

“Así habló Zaratustra” en vuestra boda, a vosotros y a todos aquellos vuestros.
Había una vez un cuento que se llamaba “ el País de las Maravillas”. Y hubo también un País tan maravilloso, tan fantástico y divino, que era humano. Se llamaba Camelot., concreción de tantas utopías humanas, que, mucho antes de Alejandro Dumas, ya todo era allí “uno para todos y todos para uno. En Camelot reinaban el Rey Arturo y su simpar esposa Doña Ginebra.
Tanto el País de las Maravillas, el de Alicia, como Camelot, se han quedado en las cimas de la literatura de ensueño, y fueron muy pocos los lectores que han tenido la suerte de sentirse protagonistas de las aventuras y buenas horas allí proclamadas y vividas. Entre ellos, seguramente nuestra Adriana, ya desde niña.
Y pasó mucho tiempo...mucho tiempo. O ninguno.
Y hoy, ahora, a nosotros, se nos hace saber que aquí, en este momento, un caballero y una señorita quieren establecer, nosotros como notarios y Dios como cruz y resurrección, el acta fundacional de un nuevo reino, también maravilloso: el reino de Adrimarcolandia.
Todo se decidió en París en la escalinata del Sacre Coeur, al son de un arpa bohemia, casi tan romántica como aquella de “oro” de Gustavo Adolfo Bécquer, y al abrigo de una brisa extraordinariamente compartida. El caballero Marcos se le declaró a la señorita Adriana: las miradas se bajaron y un corazón partido se hizo doble,
de dos en uno.
Y este cuento como de hadas continuó, y hoy aquí sublima su condición de pieza y danza única en un matrimonio, que Marcos Adriana, los dos príncipes, sueñan y desean para siempre. Porque los cuentos hermosos son siempre realidad presente. Eso es y debe ser.
Y la Palabra se hizo carne, Dios se hizo hombre, y en esa Palabra vuestros cuerpos, queridos Adriana y Marcos, se hicieron Espíritu y en ella vuestra unión se hace evolución de momentos materiales superados hacia una vida y existencia, donde sólo el Espíritu de Dios hará posible que no os agotéis en vosotros mismos, y os abráis, vientre y alma, a horizontes de palomas blancas, de cielos no cerrados, de tierras como viento, de hijos como caballeros.
Adriana y Marcos: si queréis responder a la llamada del amor, a la llamada a la que sois urgidos, “apoyaos, sin duda, en la materia intangible, tened en ella un indispensable apoyo; pero, a través de ella, creed en lo intangible” “Creed en el espíritu que está ya antes de vosotros, en la larga sucesión de uniones de toda la naturaleza, semejantes a la vuestra, que ha acumulado, a lo largo del tiempo, para pasároslo, un tesoro de salud, sabiduría y libertad. Recordad que tenéis ante Dios y ante el universo la responsabilidad de creer en el paso de la materia a la energía, al espíritu, a Dios...Creed en el espíritu entre vosotros dos. El uno al otro os ofrecéis como campo inmenso de comprensión, de enriquecimiento y de sensibilidad. Es, pues, en la interpenetración y en el intercambio constante de pensamientos, afectos, sueños y oración cómo, sobre todo, os encontraréis, únicamente ahí, lo sabéis, en el espíritu que late en el cuerpo, no existen ni la saciedad, ni la decepción, ni límites.”
¿Señorita y Caballero, no sentís en este momento, concentrado en vosotros, en tensión en torno a vosotros, este Espíritu al que os invito? Abríos a El, acogedlo en vuestro reino, y vuestro matrimonio será vuestro mejor patrimonio, será un Camelot irreemplazable.
Y termino con una pregunta, que seguramente tenga que responder yo mismo ¿Sabéis, Marcos y Adriana, por qué el Señor Dios nos hizo con dos manos, precisamente con dos? ¿No? Pues, para que con una de ellas sostengamos gratuitamente a quien está a nuestro lado y con la otra nos apoyemos siempre en la que Dios nos tiene en cada momento... Amigos esposos, acogeos de por vida y desde ya a este círculo mágico, porque sólo en él se encuentra el “elixir de la vida”, el Santo Grial, la felicidad, que el Rey Arturo y sus caballeros de nuestro cuento andaba buscando denodadamente. Y que pensaban encontrar, libertad de cada uno, al aire del Santo Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo, ante el cual, hoy, vosotros prometéis recorrer juntos vuestra propia y común y maravillosa peripecia y aventura vital.
“Así habló Zaratustra” en vuestra boda, a vosotros y a todos aquellos vuestros. El día 5 de marzo de 2011 en los FRANCISCANOS de Lugo.
Para siempre “con amor”, amigos
Mourille Feijoo, Enrique
Mourille Feijoo, Enrique


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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