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Ruada de Reis

jueves, 06 de enero de 2011
“Hemos visto su estrella y venimos de Oriente para adorar al rey”. Son Los Magos que entran en la escena de la fe y de la seriedad de la liturgia de ciertas vidas, procedentes de Oriente, una zona geográfica y cultural siempre exótica y muy apreciada en aquel tiempo del relato por todos los pueblos del mediterráneo y por la literatura bíblica.

¿Qué hacen aquí, en nuestro mundo de hoy, de tanto bullicio y de tan poca magia, estos tres personajes, o los que fuesen, en los fastos del romano dios Februa de hoy o de la liturgia clásica del post Cristo?

Para empezar, los personajes estos más que representar un sector culto o étnico, encarnan y representan la universal espera que la humanidad siempre tuvo y sigue teniendo de que Alguien nos supere y nos salve de lo que la estructura y el mismo sistema humano nos depara y no nos satisface o basta. Ni en un sentido ni en todos.

Realmente la existencia de nuestro ser, por definición, y más por tendencia , lleva un sello y una necesidad congénita de dependencia e insuficiencia, y todos anduvimos y andamos más de alguna vez a la búsqueda – y si no, es que estamos muertos – de un redentor – el que sea -, íntimo y definitivo.
En la reflexión de la fiesta de hoy vemos, los que a ello estamos, cómo el cosmos y la creación entera se nos revelan en su silencioso lenguaje como el primer guía en esta búsqueda necesaria e intransferible. La estrella, más símbolo que realidad astral, representa en la tradición judaica, a la que pertenece el textito, la aparición de ese definitivo salvador para el pueblo errante y bastante desnortado.

Así, a Cristo, para los que ello estamos, el Apocalisis lo llama Luz del Amanecer, una luz que va aparejada a las mejores resoluciones de un nuevo estado de cosas definitivas. Y apuntando a esa situación y al Em-Manuel, nuestro Dios-con-nosotros, nacido y celebrado el otro día, dice Isaías: “ El pueblo que caminaba en las tinieblas ve ahora una gran luz y sobre aquellos que habitaban en la obscuridad refulge la luminosa estrella”.

Sí, la Luz borra y disipa la obscuridad, símbolo de la nada y de la muerte, e inicia una nueva Creación. O sea, en palabras de San Juan, la luz vino a este mundo y a aquellos que la reciben les da poder para ser hijos de Dios y completar su gloria y definición.
Digamos, con la luz del mundo limpio de nuestro Espíritu y la estrella de la fe y confianza de abrirse a la verdad es cómo los Magos – nosotros – se acercan – nos acercamos – al final de la meta de la búsqueda de su propia vida, y así encuentran a ese su Cristo, colmo de la la salvación y satisfacción del ansia humana… y –postrándose ante El- lo reconocen, lo adoran… se salvan de sí mismos y por completo.

Así – y esto es lo importante de la Fiesta – ellos, estos magos y su actitud, se convierten con pleno sentido en los primeros miembros del pueblo nuevo y viejo de Dios. Buscar, creer, aceptar, vivir: That the question. Aunque a veces la estrella desaparezca.
Mourille Feijoo, Enrique
Mourille Feijoo, Enrique


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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