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La Dama del Alba y La Noche de San Juan

viernes, 25 de junio de 2010
A Nerea Pallares Vilar,
compañera de Opinión, que estos días
debió de haber terminado ya su dis-curso.
-Ahora gózate, notoria y enriquecida amiga.



Mientras la sociedad fue fundamentalmente agraria, o cultural y económicamente ligada al agro, la Noche de San Juan, coincidente día más, día menos, con el solsticio de verano, era una noche llena de magia y gran poder. Hadas y deidades andaban sueltos y ensalmados por nuestros campos ya trabajados y espontáneos. Los agricultores daban gracias por las cosechas, por la fruta, por el verano y por disponer de más horas para cumplir con sus labores y dedicarse a la diversión naturalmente merecida. Era el momento justo para pedir por la fecundidad de la tierra y de los mismos hombres y mujeres. En tal fecha los días comenzaban a ser más cortos y se encendían fogatas y ritos de fuego para simbolizar el poder del sol y ayudarle a renovar su energía: hogueras en la cima de los montes, a lo largo de los riachuelos, en mitad de las calles y en frente de las casas. Se saltaba y bailaba alrededor del fuego para purificarse y protegerse de influencias maléficas y asegurar el renacer del Helios de la vida.
Todo era así antes y casi sigue siendo igual ahora, al menos en el escenario del rito, en su guión y en el “dramatis personae” Pero algo ha cambiado, no sé qué exactamente. Como si la noche mágica esta estuviera, por así decirlo, muy pendiente, y en exceso, de las bolas de Baco y de las tetas y pócimas de Circe. Ya saben.
De Baco se cuenta que un buen día encontró una delicada planta que le cayó en gracia. Era delicada y apenas había crecido, sólo tenía unos pequeños y pujantes brotes verdes. Allí aún no se adivinaban ni pámpanos ni racimos. Al ver a la plantiña así, al bueno de Baco no se le ocurrió sino injertarla en el hueso de un pájaro y allí comenzó a crecer tanto, que el buen dios comprendió que el lecho que le había proporcionado se quedaba insuficiente y, entonces, la trasplantó al hueso de un león. Menuda, cómo creció el vegetal. Y por último, el proceso iba muy bien, la acomodó en un hueso mucho mayor, en el fémur de un asno. Y así fue cómo la planta, ya adulta, dio fruto: la uva. Y dado que Baco era un dios, enseguida descubrió la forma de convertir las uvas en vino…Y fue entonces y desde aquella que todo el que bebe de ese néctar se pone alegre como un pajarillo, si se pasa un poco se cree el León de Judá , o sea, el “rey de la selva”, y el que lo hace en exceso y abusa, se vuelve estúpido y un asno a cuatro patas.
Con respecto a Circe, ya saben también. Convirtió, y sigue convirtiendo, a los compañeros de Ulises en cerdos cebaditos y nada más…
Ya les digo. No sé qué le falta ahora – o sobra – a la mágica noche del 24 de junio. No sé qué le falta que ya no se arrechuchan los mozos y las mozas al calor de sí mismos y del romero de la noche - ¡ madrugada purificadora! – , ya no se canta ni oye el ditirambo coral de “al coger el trebole, el trebole, la Noche de San Juan”, y en su lugar nuestra realidad se incendia en el “ fuego fatuo” de la gasolina “llamativa”, el decibelio alto y el anonimato de la tribu, abriendo muchos así, y sin querer, la puerta a esa bellísima mujer, la Peregrina enigmática y siempre compañera que en el goce del “carpe diem” nocturno y sanjuanero nos susurra con el hechizo de sus ojos, azules de tanto mirar al mar: “Yo también quisiera adornarme con rosas como las campesinas, vivir entre rosas, pero cuando voy a cortarlas todo el jardín se me hiela… ¡Estar condenada a matar siempre sin poder nunca morir”! Sí, es la visita de La Dama del Alba de Alejandro Casona y de todos, forjadora del bello recuerdo de la Bella Durmiente cuando la realidad es la simple Muerte de quien se equivoca de lugar o de paso. Porque todo es sólo de otra manera “cuando los hombres me empujáis unos contra otros, sí. Pero cuando me dejáis llegar por mi propio paso…¡cuánta ternura al desatar los nudos últimos! ¡ Y qué sonrisas de paz en el filo de la madrugada!” Y así es, si así os parece, que es lo bello y lo que importa. Pero un crucigrama de lío saturnal, pócima de” bruja” y el grito infernal en la noche de anteayer convirtieron a la Dama del Alba en la hoz de acero que segó doce cabezas festivas –veinte sacos, dice el reportero - mal a su pesar de ella, porque “cuando me dejáis llegar por mi propio paso…cuánta ternura al desatar los últimos lazos! ¡ Y qué sonrisas de paz al filo de la madrugada¡”
¡Noche mágica del solsticio de verano que ahora colgó su embrujo en las bolas de Baco y en el juego de tetas y pócima de la ambigua y bruja Circe!.

Mourille Feijoo, Enrique
Mourille Feijoo, Enrique


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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