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Día Internacional de la Mujer: ¡Medea¡

lunes, 08 de marzo de 2010

Ni día de la mujer, ni fiesta de la banderita, ni del lacón con grelos, ni día del orgullo de esto o de lo otro, ni día de nada. Puestos en marcha los relojes de la reivindincación sindicalista o institucionalizada, civil, religiosa o militar, me parece que todo se convierte en anacrónico, “cultural” u obsceno, tanto así como la falta de facultad intelectiva en el hombre o en la mujer. Y todo deriva, normalmante, en bufonada estupenda: en La Habana, 5 de marzo de 2010, 10,30 h. Nilda Hernández González, Secretaria de FMC, en la Gala Político Social celebrada en esta ciudad con motivo del Día Internacional de la Mujer, trabajadora por supuesto, entre otras lindezas, dijo “la Federación de la Habana, situada en la vanguardia de la emulación, trabaja por el rescate de valores, el fortalecimeinto de las estructuras de base y la producción de alimentos y reforestación”. Ustedes mismos... y salva la alícuota parte que nos corresponde y por mucha astracanada que suponga el dato caribeño este, no siempre excepcional. Así, 6 de marzo 2010, el Sr. Zapatero, Secretario General del Psoe, ante las suyas y en la misma ocasión que Nilda la cubana: “Pero, después de tantos años, de tantos siglos de sangrantes desigualdades entre el hombre y la mujer en España, ¿cómo no vamos a tener un Ministerio de Igualdad? ¡Y aún hay gente que se queja e insulta a la Ministra Bibiana Aido!“. ¡Señor Zapatero, coño!

No obstante ello, y habida cuenta y homenaje de Clara Zetkin, del incendio de la Triangle (1911) y de la demanda de “pan y paz” de la posguerra en 1917, sucede que el socialismo histórico y real sigue siendo aún hoy el encuadre de la ciudadanía progresista del “Xan Paisano”, a quien “enfila” cualquier líder/lideresa de oficio, traumatizado por un desengaño autobiográfico personal que sólo él/ella se sabe y los demás intuimos, pese a la prueba del algodón de la Hija de Zeus y Mnemosine, vulgo Historia. Todo ahí es cita, agenda gremial y adorno geográfico en la plaza del pueblo o en la calle Mayor de la ciudad; sólo memoria, subconsciente folk y sobrecarga muscular o artitis cerebral. Y además, en estas circunstancias y presupuestos, casi siempre alicatado con cierta iluminación rasputiniana y zarista... Casi todo únicamente aspiración al asentamiento jurídico en el código, ignorando que todos los códigos son conflictivos y antipáticos, “comenzando por la Constitución y terminando por la Gramática”. Hablamos de ese feminismo de barricada, que tal vez sirva para conservar, pero nunca para el avance y la conquista.

Lisístrata, a quien se invocó como “primeriza” en el origen de esta Jornada, con su huelga de pienas caídas sólo consiguió darse cuenta de los efectos cómicos de forzar natura y quemar etapas y escenas en la Orchestra del teatro y sus espectadores. El arquetipo válido en el establecimiento del roll adecuado, justo, personal y socialmente debido de la mujer, es Medea, la heroína que parte de su propia definición y logra todo con su tino y en tragedia intransferible: ”una mujer suele estar llena de temor y es cobarde para contemplar la lucha y el hierro, pero cuando ve lesionados los derechos de su cama, no hay otra mente más asesina”. Y así, ante el destierro y ostracismo que la suprime, se venga de la otra -Glauce-, causante de su circunstancia, con el regalo de una corona de oro y un peplo que causan la muerte por simple contacto: “No se distinguía la expresión de sus ojos ni de su bello rostro, la sangre caía desde lo alto de su cabeza confundida con el fuego, y las carnes se desprendían de sus huesos, como lágrimas de pino, bajo los invisibles dientes del veneno”. Y a sus hijos, a quienes secuestra de la muerte ajena con su muerte maternal: “Cómo habéis perecido por la locura de vuestro padre! (a éste) por el ultraje y tú reciente boda (con Glauce)!“. Pathos, ¡ovarios! y underwear avisado y a diario. Y a todas: “si eres considerada superior por poseer conocimientos variados, parecerás a la ciudad persona molesta“. Sólo la ética y el carácter y la intelighencia tienen “valor” etopéyico de superación, de justicia y reconocimiento. Y así lo clava el Coro, ese personaje colectivo y demiúrgico que reconoce el pasado de la historia y sentencia su desenlace final: “Pero (a protagonistas y espectadores) lo que se dice de la condición de la mujer cambiará hasta conseguir buena fama, y el prestigio está a punto de alcanzar al límite femenino”. Y ella lo alcanzó en el arquetipo universal de sí misma.

Y así fue cómo Haghia Medea, montada en el carro de Helios, subió a los cielos y al humus de todos los días de la mujer, y se convirtió en el icono del auténtico feminismo que aún no es, porque le sobra dirección espiritual, raquitismo ideológico y mucho macho suelto cubriendo sus filas.

Mourille Feijoo, Enrique
Mourille Feijoo, Enrique


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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