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Orden de San Juan de Jerusalén y su relación con Quiroga (Lugo)

domingo, 15 de septiembre de 2002
Orden de San Juan de Jerusalén y su relación con el valle de Quiroga (Lugo)

Actualmente esta orden es prácticamente honorífica, quedando más bien como recuerdo viviente de ella en nuestro país la Asamblea de España, que está gobernada por un Bailío (presidente), cuyo cargo ostenta el Marqués de Sales, y figuran, entre otras, dignidades de bailíos-grandes cruces, S.M. el Rey.
Ha tenido gran importancia y gran poder como Orden religiosa militar, que fue fundado en el siglo XI, posiblemente hacía el año 1084 los mercaderes de Amalfi, en el Reino de Nápoles, establecieron en Jerusalén un monasterio de benedictinos, con un hospital dedicado a San Juan Bautista, destinado a recoger a los peregrinos. En 1099 Godofredo de Buillón hizo importantes donaciones a dicha obra pía, por lo que su director, llamado Gerardo, lo separó de la tutela de los benedictinos y fundó una nueva congregación llamada de Hospitalarios de San Juan o Hermanos del Hospital de San Juan de Jerusalén.
Reimundo Puy, fue sucesor de Godofredo de Buillón, él les dio la Regla la cual fue confirmada por S.S. el Papa Pascual III, en 1113, años más tarde Inocencio II, en 1130, modificó la constitución de la nueva orden, imponiendo a sus individuos la obligación de defender con las armas la fe de los cristianos contra los infieles. Después que Saladino se apoderó de Jerusalén en 1187, los miembros de la orden sé hubicarón en la ciudad de Acre, apenas habían pasado cien años en la misma, se vieron obligados a dejarla para refujiarse en la isla de Chipre; por el 1310 consiguieron hacerse con la isla de Rodas, de ahí que fuesen llamados caballeros de Rodas. Sostuvieron sitiado a Mahomet II, lo que los colmó de gloria en 1480; ya en 1522 lucharon heroicamente, según parece durante seis meses contra el ejercito de Soleimán II, pero no todo fueron triunfos y en esta ocasión se vieron obligados a capitular. Nuestro Emperador Carlos I de España y V de Alemania los facilitó casi todo lo necesario para que estableciesen en la isla de Malta, y desde entonces fueron también conocidos por Caballeros de Malta, además en dicha isla permanecieron hasta que la Revolución francesa los expulsó.
Esta Orden de San Juan de Jerusalén o de Malta, todavía actualmente está regida por un Gran Maestre y dividida en ocho lenguas o naciones, que son: Provenza, Auvernía, Francia, Italia, Aragón, Alemania, Castilla e Inglaterra, habiéndose fusionado modernamente Aragón y Castilla para formar la que se llama Asamblea de España.
Cada lengua o país era en gran media independiente de las otras, teniendo su propio Gobernador, llamado pilar, y a su vez se subdividía en un cierto numero de comendatarías o encomiendas, prioratos y bailías. Los miembros de la Orden, además de los tres votos monásticos, profesaban el de recibir y defender a los peregrinos y dentro de la comunidad se dividían en tres clases, que eran: los nobles o caballeros, a ellos correspondía llevar las armas; los capellanes, que eran los que administraban los servicios religiosos, y los hermanos sirvientes, en estos últimos había dos clases, unos eran los criados de los caballeros y los otras de los capellanes.
Su habito era negro con manto, y en tiempo de guerra llevaban una cota de armas roja; a la izquierda del pecho una cruz de tela blanca con cuatro brazos de igual longitud, ensanchándose desde el centro de los extremos, formando ocho puntas.
En 1798, el general francés Napoleón Bonaparte invadió la isla de Malta, la cual tuvo que entregarle sin combate el Gran Maestre Hompesch. Al morir éste en 1805 fue elegido Tommasi para sucederle, pero falleció a su vez algunos meses después. El Papa Pío VII no nombró sucesor, decidiendo que la Orden privada de la isla que los ingleses habían ocupado en 1800, no comprendería en lo sucesivo sino dos lenguas, la de Italia y la de Alemania, y sería regida provisionalmente por un lugarteniente del Magisterio, elegido en calidad de vitalicio por el consejo de los caballeros, el cual tenía que residir en Italia. S.S. Pío IX confirmó y modificó los Estatutos de la Orden, y León XIII, en 1880, le concedió la iglesia de San Basilio, en Roma, con el priorato del Monte Aventino.
En nuestro país han tenido grandes posesiones y desde muy antiguo tenían dos lenguas o divisiones administrativas que eran Aragón y Castilla, siendo esta última subdividida en 1517 en sendos prioratos que se llamaban de Castilla y de León, al este último pertenecía la Encomienda de Quiroga. Pero el decreto del 29 de julio de 1837, conocido por ley de Desamortización que se amparaba en el Real Decreto de 4 de septiembre de 1885, (Desamortización de Mendizabal), expropio prácticamente todos los vienes, entre ellos los de Quiroga, de los que incorporamos un inventario de sus documentos desde 1406 a 1762, que hace referencia a documentos anteriores pero que se perdieron.
A pesar de la irreparable perdida que para cualquier investigador o estudioso supuso la quema del Archivo de Quiroga, podemos afirmar casi con toda seguridad que su establecimiento en el valle de Quiroga no es posterior al siglo XIII, pues tanto el Sr. Amor Meilán o L. Antonio Teijeiro, en su obra “Quiroga. Encomienda de San Juan”, coinciden plenamente en las fechas y se cabe van más halla, citando la donación otorgada en 1275 por Lope Sánchez de Ulloa, al hospital sanjuanista. De su antigüedad en la zona dan buena fe los templos parroquiales, como es la iglesia de San Juan de Hospital, con su importante retablo, en él a modo de blasón la Cruz de Malta, los enterramientos de la capilla de San Juan, más concretamente el D. García Ribadeneyra Quiroga, cuya yacija en su parte frontal está enseñoreada por dos blasones, que repiten las divisas y se cubre por la estatua yacente de un Caballero que viste armaduras completa. El casco le cubre la cabeza, con la visera levantada para que pueda verse la parte superior del rostro, mientras que las manos asen sobre el pecho el pomo de un puñal, descansando los pies en el costado de un fornido perro echado, para recubrir y al mismo tiempo decorar y dar noticias al lector una inscripción en caracteres góticos que corre por el frente de la cabecera al os pies de lecho, donde se puede leer: “ AQUÍ IACE EL MVY CABALLERO GARCÍA RIBADENEIRA QUIROGA GALLECIO AÑO DE 1505”.
Otro sepulcro más cercano al retablo, denota la nobleza persona para quien fue labrado, pues en su frente nada menos que tres blasones, descansando la yacija sobre sendos leones; más laudas sepulcrales cubren el suelo de la capilla y en ellas blasones de linajudas familias, que bien se merecen un estudio, para dar a conocer sus genealógicas, de lo que no andamos sobrados en Galicia.
Pero de la antigüedad de la Orden en este valle, dan fe los referentes documentales que aún se conservan, así el tan mencionado escribano Sánchez Arjona, dice “ que los pergaminos pos su antigualla no los puede leer, esta clara que se trataba de documentos escritos en latín, quizás alguno del siglo XII, otro tanto dice de los tres libros becerro, que con toda seguridad se trataba de los tumbos, en los que se recogían los privilegios, donaciones y foros. Pero ello fue pasto de las llamas, con toda seguridad intencionadas, otro tanto de lo mismo le pasó a la Encomienda de Portomarín, también ardió, pues sabido es que aquellas fechas de la invasión francesa y con la nueva división en una prefectura y doce subprefacturas en que José I, (Pepé Botella) había dividido las siete provincias Gallegas, muchos aprovecharon el momento del paso de las tropas nopoléonicas para destruir pruebas documentales de los hidalgos, así era más difícil él poder exigir el pago de los impuestos, quien no tiene documentos lo tiene más complicado. En este caso parece que no había duda a juzgar por la confesión judicial que se realiza en el pleito promovido por D. Manuel María Yánez Rivadeneyra, del pazo de Molinos de Antero, regidor que en su día fue de la ciudad de Monforte, y a la sazón administrador de la Encomienda de Quiroga, donde se pregunta a los testigos “Si saben que al paso de las tropas francesas comandadas por el mariscal Soult desde la villa de Monforte por el castillo de los Novais, en dirección a Castilla en junio de 1809, fue reducido a cenizas, más bien por los naturales que por aquellos, el Archivo de la Encomienda de Quiroga”,( ). Pero de esa documentación se salvó para la posterioridad una escueta reseña que transcribimos y ordenamos de la mejor forma posible, donde muchos documentos, principalmente los más antiguos se perdieron para siempre, pero de otros quedaron los originales, en los protocolos de los escribanos de Quiroga, Monforte o del partido judicial de Becerreá, lo que no resultará demasiado complicado para cualquier estudioso poderlos localizar, teniendo en cuenta que en la reseña, figura la fecha y el nombre del escribano otorgante, además de una referencia de lo que se aforaba.
Por este inventario sabemos que la Encomienda tenía unas amplias posesiones, que comprendía los partidos de Hospital, Moreda, Baamorto, Tribes, Cristosende, Bollo, San Clódio, Vendollo, Valdeorras, Incio-Broza, Villafranca del Vierzo, San Miguel de Laroco, Hospital do Condado, Lor, Seara, Cartello y Castrelo; Allariz y Osoño. Además de los cotos de Herrería, San Cristóbal, Pena Verde, Figueirido, Coto Redondo de Biduedo, Peites, Perites, Laroco, San Miguel, Sandalle, Lor. Si bien es cierto que algunos cotos eran muy pequeños otros eran toda una parroquia, con su templo. Lo mismo ocurría con los partidos, alguno de ello como puede ser A Seara (en O Caurel), se limitaba a una sola feligresía, pero otros como es el de Incio-Broza comprendía las parroquia de Foilebar, Hospital, Incio (Sta. Mariña), Trascastro. En la mayor parte de los partidos la jurisdicción correspondía a la Encomienda donde ponían a su voluntad los jueces que administraban la justicia, nombraban los eclesiásticos para las parroquias y cobraban todos los impuestos que les correspondían. En otros partidos no parece que ello fuese así, pues en el caso de Allaríz, donde tenían numerosos foros, el señorío correspondía al Marqués de Malpica.
Pero si una cosa está clara es que todavía no fue estudiado en debidas condiciones las posesiones que tenían y la importancia que en su día tuvieron dichos freires por estas tierras, además de la protección que debieron dar a la vía que partiendo de Vega del Valcarce cruzaba estas, tierras, ¿sería a lo mejor un importante camino de peregrinos? ¿O simplemente sería una importante vía de paso de mercaderías y ganados entre Castilla y Galicia?. Ello es ya otro tema.
López Pombo, Luis
López Pombo, Luis


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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