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Los normales

miércoles, 11 de julio de 2018
Este fue el título de mi primer trabajo llamémosle literario era más bien un grito contra una sociedad en que no me sentía a gusto, ni me identificaba. Eran los tiempos de la dictadura, lo que se ha llamado el nacionalcatolicismo, de las mujeres sometidas a las tres K de Alemania, Kirche, Kinder, Kueche; iglesia, niños y cocina, de los libros prohibidos, de la propaganda franquista, de una pobreza visible, de la persecución a la izquierda, a los diversos y de la imposición del castellano y de la prohibición de las otras lenguas nacionales. Era un ambiente irrespirable. Mis conciudadanos acataban todo y habían convertido en normal lo que era una aberración.

Fui consecuente y me rebele contra los normales. Luché por una España diferente que se alejará del pensamiento único, de la imposición, del adoctrinamiento y abrazara las libertades civiles y la libertad de conciencia. Se trataba de cerrar la gran brecha de las dos Españas. La transición me ilusionó y viví momentos emocionantes de conquistas democráticas y de reencuentros.

Hoy en 2018 se ha vuelto a imponer una normalidad que ni me gusta, ni me siento claro está identificado. Veo pasar las carrozas del orgullo y me vienen a la mente los ardorosos tiempos de los falangistas y de la sección femenina, con sus cánticos, sus dogmas y sus liturgias. Se resucitan las fiestas paganas de la Antigua Roma.‎ Se exalta a los trans, a los gays y lesbianas, a la familia abierta, a las mujeres enfurecidas convertidas en militantes contra una caricatura del machismo, se paraliza la maternidad. Se envilece la religión. Se ridiculizan sus símbolos más sagrados en nombre de la libertad de conciencia. Se proscribe al castellano. Se levantan fronteras dentro de España. Se denigra a los toros y se humaniza a los animales. Un largo rosario de nuevos dogmas,dentro de un ecologismo urbano que nos asfixia.

Vuelvo a estar incómodo en esta España donde pululan y campan por sus respetos estos nuevos normales con los que no comulgo, ni empatizo. De la sociedad totalitaria del franquismo hemos pasado a la nueva caverna que adoctrina a unos normales nuevamente aborregados.

Creo que no tengo remedio. No me gustan los normales, ni los de antes, ni los de ahora.

Joaquín Antuña
joaquinant@hotmail.com
Antuña, Joaquín
Antuña, Joaquín


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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