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Pedir perdón no basta, Míster Zuckerberg

sábado, 14 de abril de 2018
Mark Zuckerberg, fundador de Facebook y uno de los hombres más ricos y poderosos del mundo, ha comparecido ante el Congreso de los Estados Unidos exigido por la filtración de los datos personales de nada menos que ochenta y siete millones de usuarios de la red social…

—- Lo siento. No volverá a ocurrir.

El joven empresario pronunció las mágicas palabras como si fuera un rey cazador de elefantes en Botsuana al regreso de un safari para millonarios, organizado mientras su pueblo sufría la peor crisis económica de su historia.

Dicen en USA que, este acto de contrición, convertido en el mayor espectáculo mediático que se recuerda en la cámara americana, es suficiente para expiar el pecado, pero yo no estoy de acuerdo. Quizá porque no tengo ganas de poner la otra mejilla para que me la vuelvan a dar.

Si de algo sirvieron los dos días de tan singular comparecencia es que todos pusimos el ojo en el funcionamiento del gigante de Internet y en el inmenso poder que tiene gracias a sus dos mil millones de usuarios en todo el mundo.

Zuckerberg no fue al Congreso llamado por un abuso de mercado o cualquier otro delito propio de especuladores. Fue para responder ante los representantes del pueblo americano de algo que es infinitamente más grave y que debía de tener muy preocupados a los dirigentes políticos de América y de Europa. Me refiero al uso de datos para alterar la democracia en procesos electorales o en referendos donde los estados se juegan su futuro. Un delito gravísimo merecedor del mayor castigo.

(Recordemos que un juez español mantiene en la cárcel a políticos catalanes que pedían una consulta para saber si su pueblo quería o no ser independiente de España y la fiscalía les pide treinta años de cárcel acusándolos de sedición.)

Aunque el joven preboste no ha eludido su responsabilidad tampoco dio garantías suficientes para que no se filtren más datos de los que posee su red social de cada uno de sus usuarios. Más bien parece todo lo contrario, que nadie controla al monstruo.

Ocurre que Internet es una galaxia sin leyes y en eso se basan los juristas para restarle importancia penal a este caso que ha sido decisivo en la elección de Trump como presidente de la primera potencia mundial y a los ingleses les ha llevado a un desencuentro con la Unión Europea que solo querían unos pocos, interesados en cambiar el orden económico de la Gran Bretaña.

Así que los políticos que legislan deberían valorar el poder que han adquirido plataformas como Facebook o Google. Lo ocurrido bien se merece que los poderes públicos dicten normas que protejan a la ciudadanía. Claras, concisas e iguales para todos. Dicho sea de paso… todo sin ánimo de que nadie levante un muro que frene el progreso tecnológico.
Rodríguez, Xerardo
Rodríguez, Xerardo


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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