Opinión en Galicia

Buscador


autor opinión

Editorial

Ver todos los editoriales »

Archivo

Volar, vivir

lunes, 12 de marzo de 2018
Una de las cosas del catón ‎del buen viajero aéreo es no hablar de catástrofes de aviación. Es un tabú no escrito, un código no regulado pero de obligado cumplimiento. Es el lagarto lagarto de los superticiosos.

Habiendo volado en muchas ocasiones se siente una relación especial con el avión, con su surcar las nubes y con esas tierras en miniatura que se divisan. Una sensación de bienestar en mi caso y de agarrotamiento entre los primerizos. Estoy volando de nuevo a Roma, mi ciudad tótem, donde he vivido los años de apogeo de mi vida, aunque no de creatividad, que he sido de adolescencia prolongada y ociosa y de madurez muy intensa y fabril, de homo faber tardío.

He tenido dos momentos muy intensos de mi vida en los aires, algunos dirían en las nubes, cuando en Múnich en Alemania tuve un aterrizaje de emergencia, con todo el protocolo de quitarse los zapatos apoyar la cabeza en las rodillas y esperar a lo que podía ocurrir, el tren de aterrizaje ‎había quedado inhiesto y había el peligro que cediera al tocar el avión la pista de aterrizaje. Bomberos, pista recubierta de ceniza, avión dando vueltas para consumir el carburante y luego gracias a Dios, nada, pero ante un despliegue en el que abundaban también las ambulancias. Un recuerdo inolvidable, con sabor a aventura y a muerte.

Otro momento especial, este de película de terror, fue en una escala inesperada en Argel en los años 80 cuando se secuestraban los aviones, era la moda, porque el terror se rige también por modas, el avión que debía dirigirse a París desde Ougadagogu en Burkina Fasso, tomó tierra sin avisarnos y entraron en el avión unos guerrilleros con sus kalashnikov en ristre gritando como hacen los árabes y nos hicieron salir precipitadamente y allí sacaron todas las maletas y había que identificarlas, un hombre de aspecto mediterráneo no lo pudo hacer y allí mismo lo ejecutaron con una ráfaga y un culatazo. Luego todos a bordo. La vida sigue.

Uno de mis voluntarios murió en misión humanitaria en Rumanía y una querida amiga falleció en un accidente en Barajas en el encontronazo de dos aviones. Un destino trágico.

Mi avión sigue dirigiéndose a Roma, después de tres horas de espera por las huelgas del Día de la mujer, entre los controladores hay muchas damas y luego partir, partir rumbo a la peregrinación, al turismo, a la visita y a la nostalgia, todo una mezcla de recuerdos pasados y futuros, estos últimos los más valiosos, los que dan la fuerza de seguir adelante.

En esta sociedad a dos velocidades, entre los parados y los que no paran, yo afortunadamente estoy del lado de los que están en perpetuo movimiento y esto me permite ser cronista de GD y contaros fragmentos de mi vida entremezclados con actualidad, política, ciencia, sucesos y crónica. Todo un revoltillo para hacer una reflexión colectiva‎, hoy sobre los aviones que surcan los cielos y son las autopistas de la fantasía y la creatividad.

Joaquín Antuña
joaquinant@hotmail.com
Antuña, Joaquín
Antuña, Joaquín


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


ACTUALIDAD  
PORTALES  
SERVICIOS  
ENLACES  

RSS Noticias RSS Válido

PUBLICIDAD
Deputación de Ourense
ACTUALIDAD GALICIADIGITAL
Blog de GaliciaDigital
PROMOCIÓN
PUBLICACIONES
Publicaciones
Publicaciones Amencer
Revista Egap
Obradoiro de Artesania