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La epopeya mundial contra el SIDA

martes, 13 de febrero de 2018
Nuestro gran amigo y corresponsal de GD en Estados Unidos me envía un nuevo artículo, que como siempre os comento y que es válido también para nuestra política exterior, que lo necesita mucho. No podemos seguir dando tumbos como un pollo sin cabeza.

El Banco Mundial declara que su misión es terminar con la pobreza extrema ‎para 1930 y fomentar una prosperidad universal compartida. Estos objetivos forman parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas. Jeffrey Sachs es el padre de los ODS, que pilota desde su cátedra del mismo nombre de la Universidad de Columbia y es asesor de las Naciones Unidas.

El doctor Jing Yong Kim, es un médico y antropologo coreano, nacido en Seúl pero nacionalizado americano, se ha distinguido como miembro de la ONG PIH‎, Alianza para la Salud y dirigió la lucha contra el SIDA en la organización Mundial de la Salud OMS y en 2012 fue nombrado presidente del Banco Mundial.

Kim y su colega Paul Farmer de la Universidad de Harvard ‎obtuvieron un gran éxito en Haití con su programa contra el SIDA. Un tratamiento muy barato, que podía difundirse en todo el mundo. Jeffrey y Kim amigos y militantes en la lucha contra esta pandemia colaboraron estrechamente entre 2000 y 2005 y los frutos se vieron pronto, en 2001 Koffi Annan, Secretario General de Naciones Unidas lanzó el Fondo Mundial para combatir el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria en 2003 el Presidente Bush el Plan de Emergencia del Presidente para la lucha contra el SIDA, PEPFAR en sus siglas inglesas. Gro Harlem Brundtland, la notable política noruega, que era a la sazón la Directora General de la OMS, recogió el guante y nombró al doctor Jing Yong Kim al frente de su programa contra el SIDA y los éxitos fueron notables y catapultaron al médico coreano al Banco Mundial.

En esta epopeya contra el SIDA ha jugado un papel muy importante la iniciativa privada, especialmente la Fundación Bill y Melinda Gates. Desde el principio quedo claro que la ayuda se prestaba como donativos y no como prestamos, que hunden en la deuda a quienes reciben el apoyo. Se evito también enfangarse en la corrupción burocrática de muchos gobiernos en desarrollo, poniendo como modelo a los grandes médicos filantropos como Paul Farmer y Kim y gestionando los fondos de forma independiente desde el mencionado Fondo Mundial.

Este programa para luchar contra la pobreza extrema, mejorar la sanidad para todos, combatir las pandemias, avanzar en la higiene universal y conseguir un nivel de educación secundaria generalizada para 2030, en consonancia con los ODS, que desde el año 2000 constituyen la agenda para la dignidad humana de Naciones Unidas y que era el plan prioritario del Banco Mundial se ha quebrado con la Presidencia de Donald Trump, que donde se trataba de ayuda generosa busca rentabilidad y negocio.

El Banco Mundial ultimamente, nos dice Sachs, ha enmudecido y parece olvidarse de sus objetivos, ha extraviado su camino y se mueve en la indefinición, para no enfrentarse a la codicia y a la rapiña de Trump. Es cierto que un programa de infraestructuras puede ser positivo para los países pobres, pero en materio de educación y sanidad hay que hablar de apoyo generoso, para formar profesionales y estructuras sólidas para trabajar en pos de estos ideales de regeneración y decencia humana.

El Banco Mundial y la OMS tienen, afirma Jeffrey, que recordar a Donald Trump cuales son los compromisos suscritos por los Estados Unidos y al mismo tiempo en todos los foros del mundo desde Wall Street a Davos invitar a los super ricos a estas tareas humanitarias, a imitación de Bill and Melinda Gates, la epopeya del SIDA y de los ODS necesita de todos.

Aquí en España hemos perdido el norte de estos esfuerzos por lograr un mundo más digno, nuestra política exterior es seguidista de la Unión Europea y en materia de cooperación al desarrollo se llega al ridículo de criticar a la Fundación de Amancio Ortega por sus donaciones a hospitales e internacionalmente se defiende una ideología de género sectaria, que socaba las raíces de la familia y una política ambiental pedestre, que nos reduce a la marginalidad. Hablar de ODS y de los grandes epopeyas contra las pandemias es música celestial. Lo dicho al principio, nuestra política exterior es como un pollo sin cabeza. Somos un parque de atracciones para beber sangría, engullir paella y reírse de estos tramposos latinos tan fulleros y tan divertidos, pero de grandes planes y de búsqueda de horizontes cero.

Joaquín Antuña
joaquinant@hotmail.com
Antuña, Joaquín
Antuña, Joaquín


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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