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Rosario Weis en la Biblioteca Nacional

viernes, 09 de febrero de 2018
Hay una exposición de Rosario Weis en la Biblioteca Nacional y en el 2015 la hubo en el Museo Lázaro Galdiano.

Tal vez nadie sabría quien fue esta pintora, sino hubiera sido una figurante en la biografía de Goya, una tierna comparsa infantil que acompañó al genio en el silencio de su sordera, en su autoexilio de Burdeos.

Rosarito era la hija de Leocadia Weiss Zorrilla, amante de Goya; y aunque la niña llevaba el apellido de su marido, nunca se llegó a saber si realmente era hija de él o del pintor, lo que sí es cierto es que Don Francisco la adoraba, porque lo bronco de su personalidad se desmoronaba ante la ternura infantil, su misoginia se derretía con la nena.

Como se había derrumbado al pintar a la Condesita de Chinchón embarazada de un hijo de Godoy, con el cual la habían casado por interés de la política, y cuentan que era obligada a departir mesa y mantel con la amante de su marido Pepita Tudó. Vamos que era una comparsa de la historia de España, de la corte de Carlos IV y Maria Luisa, la que a su vez también era amante de su marido. El arte, la excelsa pintura del maestro la rescató de la marea de los figurantes,sus pinceles la envolvieron en plateados grises irisados captándola en su primera maternidad, con la espiga de Ceres en su pelo rubio, suspendida en el aire, casi intangible, en ese estado de gravidez en que los varones arrobados subliman a la mujer.

Rosario, La ahijada de Goya, murió joven, a los 28 años, y hasta hace nada se conocían unos pocos dibujos y algún cuadro, ahora los trabajos para rescatar de la invisibilidad a las artistas han desembocado en una investigación sobre esta pintora, y han sacado a la luz un puñado de dibujos y muchos datos. No le dio tiempo a desarrollar su personalidad artística por su temprana muerte, pero hubiera dado igual para la historia de la pintura y el grabado español, porque, ya fuese un fracaso de artista o un prodigio, nunca habría sido conocida, ni aparecería en los relatos de la historia de la pintura, ni se habría llevado a cabo una investigación sobre su personalidad artística e intelectual, ni siquiera sabríamos su nombre si no hubiese sido el ojito derecho de Don Francisco de Goya y Lucientes: su aventajada y tierna alumna dormiría empolvada en los depósitos de un museo o “muerta” para la historia del arte por violencia de género con una medalla de plata obtenida por su obra Silencio en la Exposición de la Societé Philomanique de Bordeaux. Era una mujer ilustrada que formó parte activa del Liceo Artístico y Literario como pintora, llegó a ser nombrada académica de San Fernando (1840) y profesora de dibujo de la reina Isabel II así como de su hermana la infanta Luisa Fernanda.

Fuese porque se la llevó la parca a los 28 años, o a causa de que al lado de Goya cualquier artista palidecía, el caso fue que se quedó entre los múltiples figurantes de la pintura que son un montón, en el caso de las mujeres una legión. Rosario tuvo la suerte de ser la ahijada y alumna aventajada de Goya y la mala suerte de lo mismo, por ello siempre apareció como imagen del ambiente familiar del maestro, como copista fraudulenta del mismo, como protegida, pero nunca como pintora pionera romántica y sobre todo grabadora, ilustradora, figurinista, jamás por sus méritos, que tal vez no fueron tantos, pero eran de ella y de nadie más.
Vayan a la Biblioteca Nacional, vean la exposición y juzguen...
Pena López, Carmen
Pena López, Carmen


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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