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Nuestras damas

martes, 02 de enero de 2018
Cuando uso el vocablo dama, de inmediato me vienen a la mente las figuras de Concepción Arenal, Emilia Pardo Bazán, Clara Campoamor, Rosalía de Castro, Victoria Kent, Juana de Vega... Con tales ejemplos dejo muy claro que con tal distinción, me estoy refiriendo a una mujer cuyo porte y comportamiento son dignos del máximo respeto. Algo así como, por sus hechos las distinguimos, por sus servicios a la comunidad las señalamos con respetuosa distinción.

En cada rincón de mi pueblo hubo una dama. Carmiña Pastor en aquel Coto que servía de enlace entre Puerto de Abajo y Puerto de Arriba. Siempre cariñosa y con aquel gusto para dispensar desde su comercio un consejo sobre cualquier género. Su tienda se complementaba con aquel taller de las hermanas Correa, de dónde salían hermosas prendas de punto, tanto para el verano como para el invierno y así los veraneantes eran sus mejores clientes.

Al llegar aquí me refugio en el pensamiento de aquella mujer que compartió generación del 98 con su visión pesimista del país. La Pardo Bazán hizo un buen diagnóstico social. " ¿Por qué no tiene Galicia el lugar que merece?. Porque le falta unidad de sentimiento regional, lo que da verdadera fuerza y hace que los gobiernos complazcan en razón directa a los que temen".

En la plaza del Lugar, se encontraba el botiquín de la farmacia de Cervo. Una casa de piedra con hermosa galería orientada al sur. Maruja Trelles atendía como la mejor boticaria, con aquella personalidad que le hizo líder progresista capaz de orientar el voto para las mujeres de su generación. A su derecha, otra hermosa vivienda. María Jesús Suso, ferrolana, hija de marino, maestra y sobre todo esposa y madre de un hombretón que tanto hizo por su pueblo. Su personalidad es la mejor herencia para hijas y nietos.

Si alguien supo describir la magia de la Ciudad Santa de Occidente fue la Condesa de Pardo Bazán: "atmósfera de ensueño y solemnidad". Si alguien representa el espíritu bravo mariñano, son aquellas madrinas de la Isla en La Atalaya del Puerto de San Ciprián: Dolores Camba, "señora Lola", excelente cocinera, afable, la mejor abuela para los hijos de Marcelino Díaz y Esperanza. Carmen Villarquide "Carmenchu", eterna compañera del gran Alberto Pillado. Erundina, infatigable peixeira. Calela y sus acertados comentarios que inspiran una novela costumbrista o un artículo de Larra. María de Miranda, matachín, primera mujer concejal en el Concello de Cervo tras las elecciones municipales de la segunda República.

Galicia sufre aquella división en la España de 1833 por provincias. Doña Emilia denuncia el caciquismo de aquellos señoritos que acuden a Madrid con acta de Diputados. Amparo Rey "La Comadrona" es la viva estampa de una mujer independiente, al servicio de Viveiro y su Concejo, un ejemplo para la liberación femenina.

Del "purgatorio al paraíso" tal como describe la Pardo Bazán- quien reivindica el trabajo para la mujer, pues el sueldo les libra de la patria potestad- el ambiente que rodea a las obreras-cigarreras en la fábrica de tabacos. En nuestro San Ciprián hubo tres espacios laborales para las mujeres: talleres de corte y confección, las dos fábricas de salazón para sardinas, la emigración, como hicieron las hijas del patrón del "Cabaleiro", Juan Escandell -un catalán que trabajó para Cucurny- que se marcharon a trabajar para la telefónica de la Ciudad Condal, y regresan cada verano a su querido pueblo de San Ciprián.

Para Doña Emilia hay una mujer Celta, desde Bretaña, pasando por Irlanda y llegando a Galicia: "cumplida estatura, ojos garzos o azules como las olas del Cantábrico, cabello castaño, ondulado, frente serena, caderas anchas, carnosos los labios, apacible el mirar". Las relaciona con esa hermosa labor que fue el "ciclo del lino". "Siembran, riegan, deshojan, baten , lo tuercen, hilan y lo tejen en el telar".

Para los de mi generación el paso del tiempo convirtió en damas a alumnas en la escuela hoy Museo Provincial del Mar. Y algunas se nos fueron para siempre. María Josefa Sánchez, cuyo padre fue Secretario del Pósito de pescadores, inculcó a sus hijos el amor por lo nuestro: idioma-cultura marinera-orgullo por ser de aquí; Victoria Martínez Trelles, hija de patrón, que también estudió en Lugo, para cambiar nuestro norte por el sur, quizá está predestinada con su belleza morena; Charo Fernández Coldeira, enamorada de San Ciprián, criada entre Coldeiras-gentes de mar- en O Coto y en Lieiro, de ojos como la mar en el Escaramelado.
Mosquera Mata, Pablo A.
Mosquera Mata, Pablo A.


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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