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Pobres ilusos

lunes, 04 de diciembre de 2017
Mientras discutimos entre derechas e izquierdas, mientras creamos partidos para la regeneración de las instituciones, mientras desayunamos todos contentos porque han descubierto a otro político corrupto, mientras perdemos el tiempo intentando convencer a nuestro interlocutor de la bondades o maldades de aquello o lo otro… la bolsa sube y baja especulando con las cosechas, localizando o cerrando las empresas en aras de un mayor beneficio, creando conflictos donde se precise, esquilmando materias primas donde sea menester, corrompiendo líderes con mucho predicamento, o amparando a revolucionarios que se convertirán en dictadores.

Casi todo lo tienen estudiado y, ya sea con los periódicos ya con nueva tecnología, nos cuentan lo que quieren, nos engañan como les da la gana, nos manipulan …mientras nosotros nos extasiamos con la tele oyendo al político de turno sin reparar en que no es nada más que una marioneta de este circo en el que vivimos.

A mí me resulta chocante, en un mundo globalizado, que nos guste o no es el que hay, que mientras los países buscan crear estructuras superiores capaces de una mayor influencia en las decisiones mundiales, vengan algunos iluminados decimonónicos, como Puigdemont por ejemplo, y nos defiendan un nacionalismo romántico, que no es tal, sino una estratagema de la burguesía catalana, siempre pedigüeña y receptora de prebendas, para seguir siendo la locomotora de España, a costa de la reiteradas ayudas solidarias del resto del País. Barco al que se monta también el País Vasco, otra “víctima” incomprendida del Centralismo. “Víctima” ¿de qué? , chupona también.

Todo es cuestión de tener partidos nacionalistas fuertes ante un Gobierno central débil.

Sería deseable que la ciudadanía, viendo los leones que hay en la pista, despabilara y comprendiera, en vez de temer tanto la secesión, que ya se encargan las empresas y Europa de frenar por razones obvias, que lo que más nos atañe ahora, en un País de viejos y con millones de trabajos precarios y escasísima industria, es solucionar el tema de la Reforma laboral y la Seguridad Social. La primera porque no es de recibo que en pleno siglo XXI sigamos viviendo con esa esclavitud laboral. Ningún estado, ni ningún gobierno puede aceptar el abuso empresarial que, bajo el paraguas de la crisis-otra vuelta de tuerca de los grandes grupos de presión-someta a sus trabajadores a situaciones tan precarias que nos recuerda a KuntaKinte. Urge una reforma profunda para recuperar derechos y poder adquisitivo, así como cotizaciones a la Seguridad Social que permita el mantenimiento de la pensiones.

Los cacareados planes a los que nos abocan son sólo fuegos de artificio falaces. Las pensiones son inviables porque el gobierno se encargó de vaciar las arcas y no arbitrar medidas para reponerlas. Entre otras cosas, porque es más fácil echar mano de la hucha, que realizar las reformas precisas para su sostenibilidad y que nunca debieran pasar por ser recortadas. La revalorización del 0´25% es una tomadura de pelo más del gobierno.

En este contexto, nadie parece reparar que la viabilidad de un país en estas condiciones no tiene futuro y es preciso, por tanto, evitar la sangría de la emigración de la juventud. Ésta emigra porque aquí no hay futuro. Por ejemplo, nuestros médicos se marchan porque los sueldos son precarios y aquí importamos extranjeros buscando más cumplir con los recortes que dar trabajo a nuestros ciudadanos.

Y así ocurre en todas las profesiones. Aquí nadie parece reparar que no hay industria, que los chinos se han encargado de destruir la poca que había y que sólo funciona la subvencionada. Es, mal que nos pese, un país de camareros que se está convirtiendo en un desierto. Hay ciudades con la mitad de la población en paro, pueblos dedicados al narcotráfico como medio de subsistencia, carecemos de I+D. La industria tecnológica y de investigación es incipiente y precaria. Las universidades, antaño fuentes de saber y puerta de entrada a la vida laboral, han proliferado para ser fábrica de parados. Así nada tiene sentido.

Mientras, nuestro Parlamento, cada día más soez y barriobajero, vive en la perpetua crispación y el insulto sin buscar soluciones a la pobreza energética- las eléctricas pagan favores a sus políticos con pingües sueldos- a los desahucios y a la indefensión de los propietarios ante las mafias revientapisos, a la pobreza infantil y el privilegio de la empresas que no pagan sus impuestos…cientos de problemas que están ahí sin solución y polarizando la sociedad cada día más. Mientras necesitemos bancos de alimentos, mal vamos.
Timiraos, Ricardo
Timiraos, Ricardo


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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