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Un Embajador castizo

miércoles, 11 de octubre de 2017
Entre todos los embajadores presentes en Madrid, destaca por su casticismo el Embajador de Corea del Sur Hee-kwon Park, que encarna el sueño de todo becario y de los alumnos de la Escuela Diplomática. Habla español, muy bien, porque hizo, precisamente un curso en dicha escuela diplomática, y después de una vida entregada a la Diplomacia, llegó hace tres años a la Embajada en Madrid. Es un hombre muy dinámico, muy alegre, como los muchos coreanos que cantan en los karaokes.

Le gusta mucho contar chistes y para muestra un botón “el cariño y el amor son muy importantes, no creen, recuerdo la historia de un matrimonio que fue a comprar a un centro comercial. Él se perdió, y ella le llamó por teléfono: dónde estás? El respondió: ¿recuerdas aquella joyería en donde viste el collar de diamantes que te gustaba tanto? Ella contestó muy entusiasmada ¡Siii!, pues estoy en el bar que está justo al lado.

Bromas aparte ha hecho una gran labor en España, ha impulsado la creación de un Centro Coreano en Madrid, en el Paseo de la Castellana, muy cerca de Colón. Literatura, pintura, artes gráficas, cine, clases de coreano, son algunas de las actividades de este magnífico Centro.

Con un joven director de orquesta Jae -Sik Lim, organiza un gran concierto anual en el Teatro Monumental y también veladas folklóricas en el Círculo de Bellas Artes.

En el terreno político, España y Corea confirmaron su posición de socios estratégicos en 2014.
Las relaciones diplomáticas datan de 1950. Su embajada ha promovido el intercambio de visitas de personalidades de alto nivel. En los últimos años han celebrado una Cumbre de Jefes de Gobierno en 2014 y esperan que Felipe VI pueda visitar Corea en un futuro muy próximo.

En el ámbito económico el comercio bilateral en 2016, se elevó a cuatro mil millones de euros, casi un cincuenta por ciento más que cinco años atrás. Con su gracejo y simpatía habitual, me dice, que una amiga suya en Corea exclamó “no puedo vivir un día sin España”. Es que esta mañana me he puesto la camiseta de Zara, unos zapatos de Camper, y me encanta tomar vino español y comer jamón y en mi cocina solo uso aceite de oliva de Extremadura.

En los Astilleros españoles solo mencionar a Corea del Sur, causa escalofríos. El embajador sin mencionarlo nos dora la píldora explicando que los intercambios humanos principalmente turistas, estudiantes y empresarios han vivido un verdadero Boom en los últimos años. El año pasado, cuatrocientos cincuenta mil coreanos visitaron España. Esta cifra record refleja que los coreanos están cada vez más interesados en la cultura, el arte y la gastronomía de España, hasta el punto que la aerolínea de bandera Korean Air ha inaugurado un vuelo regular entre Barcelona y Seúl.

Me recuerda que el próximo mes de febrero se celebran los juegos olímpicos de invierno en PyeongChang y que serán un paso importante para alcanzar la paz y armonía en la península coreana.

Como saben mis inteligentes lectores, Seúl está muy cerca de la frontera de Corea del Norte, por lo que los misiles de sus primos del Norte, les tienen muy alarmados; pero seamos optimistas, hablemos de temas positivos, continúa el Embajador: su país para reforzar las magnificas relaciones culturales y económicas fomenta el intercambio entre los jóvenes mediante un Acuerdo de Movilidad de Jóvenes o Working Holiday, una vez en vigor este Acuerdo hará posible que unos dos mil jóvenes españoles y coreanos al año puedan trabajar y viajar libremente en los dos países. No sólo en Madrid ha trabajado su embajada, sino también en Universidades tan prestigiosas como Salamanca y Málaga que ofrecen un grado de estudios de Asia Oriental.

En Corea son ya dieciséis las universidades que cuentas con departamentos de español. Los coreanos que tienen vocación de ser los primeros de la clase, son los más aventajados en la prueba del diploma español como lengua extranjera y muy pronto se abrirá un Instituto Cervantes en Seúl.

El Embajador insiste de su amor por España que se remonta a 1984, cuando estudiaba en la Escuela Diplomática y su segundo hijo nació en Madrid. En el 89 volvió a Madrid para obtener su doctorado en Derecho Internacional en la Universidad Autónoma. Por ello, confío que Alexandra, mi estudiante en prácticas de Eslovaquia regrese a Madrid, dentro de unos años convertida en Embajadora.

Por de pronto, Rosa que me está ayudando a redactar este artículo tiene a su único hijo casado con una coreana. Las naciones se mezclan y excepto en Cataluña, donde quieren ser sólo catalanes, pienso para mis adentros, el mundo se diversifica. El Embajador recuerda todos estos años viviendo en España con la emoción de subir al Teide, en Tenerife y caminar por el Camino de Santiago como un peregrino más, confiesa que quedó alucinado por la bellísima Plaza Mayor de Salamanca y menciona también a los Encierros de San Fermín y aunque no lo dice, estoy convencido que corrió delante de los toros con un pañuelico rojo anudado al cuello.

No podía faltar una alusión futbolística y se decanta por el Real Madrid pero guiña el ojo y dice que reza para que gane el Barza, en otras ocasiones.

Concluye manifestando que para su mujer y él, España es su segundo hogar. Así se nos va un gran amigo de España, un Embajador castizo.
Antuña, Joaquín
Antuña, Joaquín


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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