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Cristal

viernes, 11 de agosto de 2017
La telenovela "Cristal" protagonizada por Jeannette Rodriguez y Carlos Mata causó estragos en la TVE. El guionista ‎fue como los anteriores, un joven venezolano que, hoy día sigue siendo muy popular en España. Me refiero a Boris Yzaguirre. Cuando concluyó la serie en 1990 en el último capítulo en que la humilde y guapa Jeannette, en la obra Cristina, se casa con el apuesto galán Carlos Mata, en la serie, Luis Alfredo. Fueron 18 millones los que seguimos este último capítulo. Este fenómeno ya lo había vivido en México en 1982 donde otro culebrón memorable "La Colorina" paralizó la vida de un entero país ansioso por saber quien era el padre del hijo de la Colorina. Una trama parecida al éxito musical "Mamma Mia" donde los protagonistas y los espectadores tenemos que descubrir quien es el padre, en este caso de la hija de la protagonista.
En ambos casos el honor de la paternidad se lo disputaban tres padres. Los antecedentes en España de la fiebre de los culebrones empezó en la radio con los seriales, como se llamaba entonces, del estilo de Ama Rosa de Guillermo Sautier Casaseca. Eran los tiempos del gran Bobby Deglané. Sin embargo, la televisión tiene mucho más fuerza y las telenovelas se impusieron de forma rotunda. En América, tanto en Brasil como en México y Venezuela era una forma de promoción social. La hija del chófer se casaba con el millonario o el chófer se casaba con la millonaria, surgían hijos secretos, padres inciertos, muchachitas virginales que a pesar de su inocencia no sabían quien era el padre de su hijo como Cristal y la Colorina. Siempre había sacerdotes consejeros que cumplían la función que hoy tienen los psicólogos, que están hasta en la sopa, no faltaban los galanazos ni las bellas damas de alcurnia. Cuando viajaban a Europa todos iban a Madrid. Parecía una forma incruenta de igualación social mientras el Che Guevara representaba la igualdad mediante la revolución. Se produjeron muchísimos culebrones que recordaban los antiguos folletines que se publicaban por entregas en los periódicos del siglo XIX. Dramas truculentos, villanos malos malisimos, huérfanas buenas buenísimas, historias que emocionaban y hacían derramar muchas lágrimas. Las amas de casa mientras hacían sus tareas habituales no se perdían ni ripio de estos dramones que les retorcian el corazón. Como siempre, aparecieron en las pantallas las series de Estados Unidos de excelentes facturas, muy sintéticas y muy bien realizadas que se llevaron el gato al agua de las audiencias. Citemos en homenaje a los chicos de Podemos: Juegos de Tronos su Biblia de cabecera,de donde saca inspiración para orquestar sus campañas callejeras. Por si faltaba poco, Pablo Iglesias le regaló a Felipe VI la serie entera y se quedó tan ancho.
Modestamente, yo he encontrado una gran utilidad a las series de la sobremesa. Facilitar la siesta. Por lo que recomiendo a mis amables lectores que conecten por ejemplo con Acacias 38 o Amar es para Siempre que es la que me hace dormir mi cuarto de hora de rigor. Como me despierto muy temprano de ahí las Crónicas del alba me vienen muy bien dejarme mecer con las historias del piloto Don Juan bipadre, de saber quien mató al conde y que diablos pasa con una empresa de electrodomésticos. Incluso una antigua Madame reciclada en media naranja de un alcalde republicano que estuvo encerrado en su casa durante treinta años. Como veréis, lectores, son personajes que no se alejan demasiado del impasible gallego, del Divino Pedro, del chico listo de Hospitalet y del inefable coletas con sus amoríos y su pico de oro. Todos personajes de carne y hueso que en sueños veo protagonizar comedias y enredos mil. La ficción y la vida se dan la mano. Me despierto, apago la tele y sigo con mis cosas.
Cristal abrió el melón y me hace pensar que lo que un tiempo fue un drama, una especie de Venezuela, pero con dosencarnizados ejércitos frente a frente, puede convertirse como los culebrones en una farsa con final feliz como en la última comedia de Arturo Fernández Seducción fatal ,aunque no veo a Puigdemont interpretando el papel del galanazo asturiano, en todo caso el título sería Sedición fatal.
Antuña, Joaquín
Antuña, Joaquín


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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