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Cuando se pierde lo bueno...

lunes, 17 de julio de 2017
Soy de una generación que lo pasó mal. Aclaro que no es mi caso. Pero sí recuerdo como en las casas se pasaba estrechez y comer, en muchos casos, era una hazaña; sin embargo, dentro de aquella miseria, existía una solidaridad ejemplar y se compartían las cosas con los allegados de modo que llegase para todos, aunque eso significase repartir poco.

Cincuenta años después las circunstancias cambiaron, aunque eso no signifique erradicar la pobreza. Hoy un plátano no es artículo de lujo y el pantalón roto es una moda, no la necesidad de entonces.

Con estas premisas, cualquier celebración estaba presidida por la imaginación, los escasos medios materiales y muchísimo trabajo solidario. ¡Qué paradoja! Hoy, con muchísimo más medios, el trabajo solidario es escasísimo y la comodidad de la gente roza la indolencia. Parece que a nadie le importa que haya comisiones de fiestas en los barrios o parroquias; que nadie se encargue de trabajar en los equipos de fútbol de la ciudad de un modo altruista; da la sensación de que nadie se ofrece para desarrollar ese tipo de labores en asociaciones de diverso tipo y que se busca una disculpa en las críticas recibidas.

Les advierto dos cosas: 1ª Las críticas siempre vienen de los envidiosos, de los incapaces, de los cobardes, de los cómodos, de aquellos que juegan a ingeniosos para evitar responsabilidades.

2ª En la vida nos podemos encontrar con muchos zombis. Me refiero a individuos que deambulan por la calle sin estímulo alguno, que no hacen nada, que no se preocupan por nada y a los que nadie echa de menos si se mueren.

Y también les digo: dejar de luchar por lo que uno cree necesario y justo, es claudicar ante el adversario y eso implica agachar la cabeza y reconocer como error lo que no lo es. Otra cosa es cansancio y dar relevo: la siembra está hecha. En cuanto a los zombis, mi consejo es rehuirlos.

Andan por la calle, muchas veces ejerciendo de maniquíes, alternando en lugares públicos con ademanes presuntuosos; pero no se acerque el lector a ellos con una conversación inteligente y mucho menos profunda. Son, por ejemplo, católicos por tradición y pose, pero no resisten una oposición. Rápidamente se alteran y saltan con tópicos. Tampoco aceptan bien ideas progresistas como el respeto a los homosexuales o movimientos de regeneración democrática, porque están inmersos en posturas fijas e intransigentes fruto de la comodidad y la inercia. Si usted les habla del paro, la emigración o temas similares se echa mano de las directrices generales del partido y ahí se acaba la conversación. Sólo los altera la posibilidad de cambios en las pensiones, por si les afecta a su estatus.

Los zombis gozan de rutas y son expertos despellejadores, que no críticos. Realmente, como tales zombis que son, son dañinos, “filósofos” del pasotismo, su teoría es:“Eche o que hai “, como si ellos realmente hubiesen vivido una vida llena de calamidades. Sí, señor, “eche o que hai“, una serie de seres inertes que pasan a tu lado y realmente son comolaspiedras de la calle( iba a escribir farolas de la calle, pero las farola dan luz y los zombis sólo sombra) y viven de tal modo que no les importa si llueve o hace sol. El cambio climático es,para fauna tan vacía como autóctona, otra estupidez, según dicen que dice, Donald Trump. Y ellos a ese individuo lo valoran mucho.

Y ante esta tesitura sería deseable que los padres educaran a sus hijos pensando en el valor auténtico de la solidaridad;que el trabajo altruista por los demás genera en uno beneficios de otra índole opuesta al dinero; que deben formarse sin cortapisas ni estereotipos establecidos que le permitan a uno desarrollarse íntegramente; que es necesario trabajar en labores colectivas como las citadas, porque es preciso recuperar aquel ejemplar espíritu de compartir lo que tenemos; que hay que vivir luchando y bregándose con los problemas para solucionarlos sin esperar por ello recompensas; que hay que huir de la complacencia y la comodidad, malas consejeras y culpables de vicios, para vivir siendo útiles, no zombis.Es el Camino para ser MUJERES y HOMBRES. Y, desgraciadamente, no abundan.
Timiraos, Ricardo
Timiraos, Ricardo


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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