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Madrid castizo

lunes, 20 de marzo de 2017
‎Se acerca la primavera y el barrio de Argüelles se llena de terrazas y los árboles empiezan a echar brotes. La alegría del buen tiempo contribuye a desfruncir los ceños duros del invierno. El cocidito madrileño tiene un rinconcito en los paladares de los madrileños. De humilde puchero ha pasado a ser un plato de lujo, de muchas campanillas, que pugna por no dejar de ocupar el lugar que tenía en tiempo de uno de sus vecinos más ilustres Don Benito Pérez Galdós y no ser reemplazado por la paella valenciana, que encandila junto a la sangría a los miles de turistas que visitan la Villa y Corte de Felipe VI, felizmente reinante, que acaba de cumplir los primeros mil dias de pescante. Los regidores capitalinos y los comerciantes de Chamberí han querido honrar al cocido, mandando mensajes de amistad a sus hermanos el caldo gallego, la fabada asturiana, la pilota catalana, el gazpacho andaluz, el gofio canario y de respeto a la mencionada paella valenciana. Y la ruta del cocido llego a Casa Manolo con José Ramón y sus hijos la maja de Princesa y el Pirata de la Moncloa y toda su troupe de estupendo ‎personal. Oficiaron el organizador de la ruta del Cocido madrileño Alberto de Orado y la glosadora de los cuatro vinos, la enologa de las Moradas de San Martín Isabel Galindo, cuyas imágenes reproduce GD, la idea ha sido el maridaje entre cocido y caldos de la tierra. Un actor colombiano el chispeante Antonio Sanin al preguntarle que prefería entre el cocido y el sancocho eligió diplomaticamente la bandeja paisa. Muchos periodistas y personajes VIP, a mi me tocó José Maria Calleja, esta vez sin la camiseta de la Real, pero con su amor intenso por Donosti. Estaba Telemadrid y José Ramón ha estado en España en directo y tiene entrevistas en la COPE y otros medios. Tengo que resaltar como madrileño de adopción, aunque Carlos y Nacho, los camareros galácticos, me llaman el guaje, lo que me hace mucha ilusión, que hay que defender estas tascas con solera, cuando han desaparecido el literario Cafe Comercial, el mítico Embassy entre alta sociedad y espionaje y un cine maravilloso el Palafox, es estupendo ver como las familias como los Manolos siguen al pie del fogón y se constituyen en monumentos urbanos de interés social. El cocido que nos sirvieron fue de padre y muy señor mío con mucho colorido y sabor rotundo, la Canción de Roldan y el Mio Cid en sopa de fideos rezumando todos los sabores de los ingredientes del cocido, seguido por lo que en Asturias llamamos el compango, destacare unas berzas bíblicas de las que junto al vino hicieron perder el oremus al mismo Noé y claro chorizo, morcillo y carnes todo un recital de promoción del colesterol. Sobre los vinos un blanco, con una pizca a amargor y tres tintos que fueron teniendo más cuerpo a medida que avanzaba esta super cena, rematada como si se tratara de Sergio Ramos con una torrija bien empapada. Ni que decir tiene que al final los routiers, estábamos felices y contentos y no nos comimos perdices porque no no las dieron. De Madrid al cielo saboreando el cocido y bebiendo vinos de estas tierras.
Antuña, Joaquín
Antuña, Joaquín


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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