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Poimén Kalós

lunes, 02 de noviembre de 2015
Dedicado a Evva, con dos uves, una de “mujer”
y otra de todas sus victorias,
que están siendo muchas,
como las tuyas.


Callada e interesantísima Evva, o tú también: Dos palabras que hasta ahora me adeudaban contigo. Sólo dos, para hacerte, como te había prometido, la lectura de este Icono, que a saber dónde lo tienes, tú también, si en ti misma o en cualquier pared que no sea una de las que se te están rompiendo por dentro. De hecho sé que te gustó cuando te lo regalé, y lo que gusta se quiere y se guarda, escondido o a la vista de todos, aunque sólo sea para que te pregunten por qué lo tienes ahí o quién te lo regaló o ¡quién te lo habrá regalado!, porque, ya sabes, la gente es muy curiosa, y a veces bastante mal intencionada. Y vaya, ¡andar con estas cosas a estas alturas, que ya no se llevan…!

Pues mira. Para empezar, este icono se llama “El Pastor Guapo”. Para los orientales, que son los pintores que así lo han representado, la belleza tiene unos cánones muy distintos a los nuestros. Barba recortada – algunas veces sólo bigote -, ojos grandes, serenidad de rostro, cabellera abundante, son algunas de las características de un rostro hermoso y sublime. Ya te digo, ahí lo tienes y así se muestra en este icono, tal como lo describe el mismo autor (entorno al s. IX): “aspecto bello…con cejas próximas, los ojos bellísimos (como los tuyos, Evva, y tú también), la nariz…la nariz larga…los cabellos claros…con bellísimo color de cuerpo…con dedos finos, manso, silencioso, paciente” ( como tú, Evva, como tú también ). Completamente hombre, cercano, real, y completamente aparte, separado, o sea, “sanctus”: el color rojo de la túnica, la tierra; el azul-verde, el cielo. La oveja, blanca de lana blanca, la humanidad - tú y yo y tú también – digna de ser cuidada, necesitada de todo mimo y cuidado,”asentada” únicamente en su auténtico sitio junto a la Belleza y la Fuerza de un rostro bello y unos hombros fuertes que atraen, acogen, y protegen como sólo Él hace: “ El Señor es mi Pastor nada me puede faltar”. ¿Qué? Bueno, Evva, tú también: ya experimentarás, tú también, esta necesidad, esta realidad, este regalo más.

Y por hoy, ya. Continuaremos en la próxima clase de C.C. que no fue. Será cuando tú envíes por escrito la”evaluación” de lo dicho en ésta.

Por Seur te mandé una pulsera con el mismo Icono, pero en pequeñito, para que te la “enroques” y se la “enseñes” y “cuentes” a tus niños. ¿Te entregaron, la pulsera digo, y te la calzaste ya? Es auténtica, no de bisutería. Por eso no vale nada… Tú bien me entiendes. No todo vale. Venga, puñetera Evva, y tú también.
Mourille Feijoo, Enrique
Mourille Feijoo, Enrique


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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