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Conocimiento de Dios

lunes, 05 de mayo de 2014
Conocimiento de Dios, no. Intuición y emoción de Él, sí.

A ella, María degli Angeli, que me ha preguntado cosas en la tarde del 2 de mayo del 2014.

Desde la Alcoba del Silencio y desde mi propia “casa familiar” pongo en tus manos lo único que tengo de Dios. Lo único que él me tiene “revelado” desde el vientre de mi madre, al tiempo que así lo hace en el universo “que ha creado”, en el cuerpo que me ha entregado y el “ánima” que me ha dado. Y continúa haciéndolo. De él no sé ni puedo saber nada. Pero sí puedo “emocionar”, hasta el clímax contundente, el temblor irreparable y la “atracción fatal” de su misterio.

En su Libro, en todos sus libros, creo que soy un buen lector, él sólo me ha revelado de sí mismo y de sus cosas otras tres cosas: que era y es “Deus Absconditus”; que era y es “Santus, solus Santus”; y que me “descalzase”…:

En mis pobres clases de Leng. y Lit. solía decirles a mis alumnos que debían “hacer el amor con las palabras” (sic), manoseándolas con el cariño y la ternura debidos, si querían ser un poco decentemente sabios. Y eso es lo que voy a hacer yo ahora, con “nuestra” palabra, oh Dios, Dios.

Deus: Absconditustesoro>joya>“pretium”. Y ahora, entonces, “Vende todo lo que tienes…”, lo que sea, por ejemplo, el cerebro, si es que aún lo tienes… Y así despojado y desnudo, en la “noesis” únicamente sabia del Silencio de mis manos vacías en mis muslos desnudos, fui y voy hacia la Zarza. Fuiste y vas hacia la Zarza – la viste, ¡mística! - que arde y no se consume y nos alcanza. Ella, sagrada, santa, inefable, indecible, inexplicable, ir-racional. Los demás –“o será místico o no será” (Rahner), “sólo comen las moras” (Barret Brawning ), y desde luego es mejor que las coman a que se pongan a “discurrir” sobre quien sólo es evidentemente Zarza que arde... Y ahí, nosotros y solamente: pasmados, intuitivos, místicos ( o no seremos ), porque eso somos, únicamente la “forma y el espíritu” de una materia que es la casa privilegiada de Dios…Y por ello, por eso, en un primer paso, la palabra santo e iniciado, únicamente para los que conocían por “trato familiar” los secretos de la casa. De esa “casa”, ahora.

¿Con que, entonces, a Dios sólo se le conoce a base de un “trato familiar”?... Pues, claro. Y prolongado… Y viviéndolo,y sentándose- sintiéndose-lo: Plotino, Agustín, Tauler, Eckhart, Francisco, Teresa, Juan de la Cruz, Devotio Moderna, Roger de Taizé. Y, ¡cómo no! y todos los maestros anteriores y posteriores del silencio: ¡cuántas únicas certezas consoladoras y evidentes, hechas a mano, y a mano de todos… Las manos… pétalos de flor y copa figurada, que recogen y dan a Dios… y sólo ellas, con mi cuerpo y su simple ánima, porque son humildes y tienen el tacto de las del mismo Dios que las creó; “con tus manos amasas mi barro” y en ellas dejas tus huellas, vaya a donde vaya, llévelas a donde las lleve… a ti, y no hay otro modo. Porque, siendo tú, oh Dios, Dios escandido, recóndito, inefable, indecible, inenarrable e inexplicable ¿ qué es el hombre, el propio hombre que intenta escribirte y describirte, oh Dios secreto? Un in-discreto, Señor; un judío errante, Señor; un holandés errante, Señor Dios Nuestro. Un hombre que yerra, Señor.

Y, entonces, Señor ¿qué nos queda de ti, en nuestro puñetero y eterno afán de Prometeos? Y te oímos de nuevo, Señor, sabiduría del Padre, escándalo para los judíos y necedad para los gentiles, resonando en todas las estancias del avisado humilde hombre de fe: “Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque tienes escondidas estas cosas a los sabios e inteligentes, y las has revelado a los poca cosa… Sí, Señor, nadie conoce al Padre, a no ser el Hijo… y a aquel que éste se las quiera revelar”. (Mat. 11, 25-30).

Pero, entonces ¿qué diablos, o mejor, qué ángeles, nos queda de ti, Señor, nuevamente en este puñetero y eterno afán de Prometeos encadenados, oh Dios escondido, vivo y verdadero? Pues eso, Señor: quitarnos las sandalias, Señor, y acercarnos a ti, Señor, porque eres un Dios irresistible, Señor Dios Nuestro, la Zarza que no se extingue, Señor Dios Santo y atractivo. En el Silencio de nuestra carne, que tú la hiciste Señor; en la llama de nuestro espíritu, que tú nos infundiste, Abba, Padre Nuestro.

Nota. El primero que convirtió el evangelio en perorata y dialéctica fue Pablo de Tarso. Mientras fue un místico y un “liturgo” de la comunidad, ¡maravilloso! Cuando comenzó a hablar a los sabios y filósofos en el ágora y a los políticos en el Parlamento-Areópago, la cagó. Sus tautologías y argumentaciones, se las podría haber ahorrado.
Mourille Feijoo, Enrique
Mourille Feijoo, Enrique


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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