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... ni nacionalista, pero sí liberal.

lunes, 02 de diciembre de 2013
Ediciones De Buena Tinta ha publicado el libro "Por qué nunca fuí de izquierdas... ni nacionalista, pero sí liberal", de Domingo Goás Chao. El pasado 26 de noviembre publicamos (con el título de "Por qué nunca fuí de izquierdas") el texto leído por el autor en la presentación de su libro en Lugo. Completamos dicha publicáción con la intervención efectuada en la presentación de su libro en Villalba (Lugo).

EN VILLALBA

Queridas amigas y queridos amigos, paisanos y vecinos de mi pueblo al que le han profanado su verdadero nombre. No soy, ni he sido, ni seré nunca nacionalista por lo que jamás aceptaré imposiciones de tales tipos de dictaduras.

Hoy me cabe el inmerecido honor de repetir una escena que tuvo su antecedente el 20 de mayo del año pasado cuando os ofrecí mi Aventura Europea centrada en Estrasburgo, esa hermosa ciudad, hoy francesa, otrora alemana, bañada por el Rin, dotada de una Catedral que invita a la meditación por su belleza, elegancia y prosapia y cuyo río hace justo ahora dos meses discurría por la ciudad de Basilea hecho una verdadera ciénaga.

Quiero pensar que ello fuese resultado de la basura que reparten aquellos asalariados y mercenarios jueces o lo que sean cual el glorioso español que iluminó con sus saberes la sentencia dictada recientemente por la Gran Sala liberando a la chusma asesina etarra de unas condenas ya de por sí enanas dictadas por unos tribunales bajo la tutela buenista de unos legisladores complacientes con los peores delincuentes y terriblemente justicieros con los roba peras o gallinas por el peligro social que encierran y no los etarras y compañeros de armas porque son gudaris que luchan por la libertad. Así se cuenta la historia.

Lamento al no ser yo el editor de esta nueva obrilla que me honro en presentaros no poder ser tan generoso repartiendo ejemplares como el pasado año pero si regalaré, a quien lo desee mi opinión sobre el escándalo que sufre España con la sentencia de referencia. El artículo ya fue publicado como en mi es obligado en Galicia Digital y muy amablemente por el Diario La Gaceta de los Negocios en las páginas de su separata Época.

Este libro que se os presenta hoy no es como el anterior una novela aunque basada en hechos reales. Pero sí tiene como punto de coincidencia que también está fundada en vivencias personales. He sufrido, pasado miedo y, ¡cómo no!, también disfrutado con personas encantadoras en terribles, durísimas dictaduras de las llamadas de derechas tales como las de Brasil, Paraguay y Argentina y temido con terror y pavor aunque eso sí gozando de un orden público ejemplar en las democracias populares de los países del este. Aquellos sobre los que había dicho Churchill que estaban encerrados en un telón de acero.

Recuerdo aquellas infames satrapías en Sudamérica donde desde la primera etapa de Perón, Franco era un personaje admirado “por haber sido el General más joven de la historia en Europa”. Ahora que mientras Franco con la Iglesia al crear el nacional-catolicismo se erigió en líder de la moral pública y privada, en las dictaduras sudamericanas el sexo constituía el deporte nacional. Así a Paraguay se le denominaba también Sexoguay. Y a Argentina le cupo el honor de elevar al rango de primeras damas a señoras cuya profesión inicial fue la más antigua de la historia de la humanidad. Sin embargo a ningún tirano sureño se le había ocurrido cuando le apetecía la esposa de algún alto cargo como hacía el Generalísimo Trujillo en la República Dominicana destinar al marido, solo claro, como Embajador en el extranjero o si el capricho era pasajero mientras se acompañaba de la obligada o voluntaria generosa cónyuge del preboste de turno, al infortunado esposo le entregaba unas maracas y lo dejaba acompañando a la orquesta no sabemos si sine die o solo sine horae.

Las dictaduras sureñas tenían solo dos enemigos, los comunistas en sus distintas versiones, la pura en Brasil, nadie en Paraguay porque no quedaba ninguno como los gays en Irán, o la de los montoneros o tupamaros en Argentina y Uruguay que aunque demócrata servía de refugio a aquella tropa. Os lo cuento en el libro. Al cambio podríamos hablar de terroristas y de desheredados. En Brasil en 1971 se hablaba de unos cinco millones de “crianças” sin origen identificado. Los que no morían de frío, circunstancia perfectamente explicable en unas latitudes con frío glacial y 98% de humedad relativa del aire, lo hacían de hambre o si no, al menor intento de desliz por un pequeño hurto necesario, de una dosis de plomo aunque eso sí sin cobrar el precio de la bala a la familia como hacía Mao en el paraíso chino. En Brasil, es obvio, en vez de familias había favelas.

En ese clima se le ocurrió en Chile, que junto con Perú son las naciones más adelantadas del Subcontinente americano, dar la Presidencia al comunista Allende. Como sabemos, su final fue kissingueriano.

Ahora bien, en todos estos países dictatoriales si tenías trabajo y aún se iba encontrando ganabas algo más en proporción que un pensionista en España hoy y no pagabas impuestos de ningún género. Es cierto que no había ni escuelas gratuitas ni seguridad social y que si te enfermabas y no tenías con que pagar te morías pero ya iban apareciendo sociedades médicas de seguros que eran muy rudimentarias pero a más de uno le funcionaron. Aquí los años 40 es verdad que había escuelas públicas pero Doña Sagrario y Doña Amelia eran dos instituciones sacrosantas en el pueblo. En Brasil yo he convivido con gente que trabajaba en mi empresa y así como las tazas aquí o los chiquitos por el norte, las “cachaças”, los “limonsinhos” y las “caipirinhas” eran el pan nuestro, es decir, de ellos de cada día. Nunca asistí a ninguna ceremonia como aquella que contaban del ilustre oficial del Ayuntamiento de Villalba, entonces era Villalba, Don Francisco López Carpintero del que se decía que él mismo comentaba que cuando tenía dinero usaba la gorra como el papa el solideo pero cuando estaba abrumado por escasez tapaba la vista con la visera para no ver las tabernas.

Claro aquello ocurría con Franco. Hoy con visera o sin ella el bar es un artículo de lujo. Pero cuidado que a cualquiera se le ocurra decir aunque sea de coña aquello de que con Franco se vivía mejor porque lo que menos caro sale es oír de facha a asesino.

Vayamos hacia el otro mundo al que nos referíamos. Me refiero al de las democracias populares que así les llamaban los que hablaban de las dictaduras de democracia orgánica como la del autócrata de El Ferrol.

A Brasil, Paraguay, Argentina y Uruguay, ésta sí que era una auténtica democracia, las visité en 1971 y sobre ese viaje he escrito una novela de seis volúmenes que a lo peor hasta consigo publicarla aunque con estos amigos editores a quienes no agradan las novelas relativas a los pecados de la carne olvidando que no son pecados los cometidos con personas que solo tienen piel y huesos.

Concluida aquella hégira era tal la curiosidad que me habían producido las terroricracias de derechas que sentí morbo, como gustirrinín en ir en 1972 a visitar los paraísos comunistas. Había aborrecido a los diestros asesinos y había que conocer a los que habían conseguido que El Campesino manifestase que él había escogido la esclavitud. ¿Podría ser peor vivir bajo un régimen comunista que en otro capitalista?

Mi cliente y amigo el judío Rudi, cuando pasé a verlo por Bad Godesberg, una villa residencial cercana a Bonn, capital entonces de la Alemania libre, ya sin temor a otra Noche de los Cristales rotos de hace 75 años, y entonces me preguntaba si me había vuelto loco ocurriéndoseme ir por los andurriales paradisiacos del jardín de las delicias de los trabajadores, obreros y productores, en fin, los esclavos pobladores de aquellas naciones.

Checoeslovaquia, Polonia, Hungría y Yugoeslavia pues los alemanes orientales debió de ser que no me consideraron suficientemente ario, no me permitieron quedarme allí ni un minuto más de los que tardase en atravesar el territorio liberticida. En la aduana su obsesión era si yo era portador de “pistolet”…,¡qué os voy a decir!, no me llegaba la camisa al cuello. Dejémoslo ahí.

¡Cuidado que eran duras las dictaduras de derechas!, pero llegamos a verles final. Pero las de izquierdas no eran dictaduras. Eran ghetos de esclavos. En Sudamérica visité hoteles, restaurantes, bares, cabarets, asistí a fiestas con gentes sin la menor traba u obstáculo. En los países comunistas un ciudadano cualquiera no podía entrar en un hotel o restaurante, bares o pubs. Los cabarets eran antros decadentes occidentales. Si se pretendía invitar a un autóctono había que avisar a la policía con al menos cuarenta y ocho horas de antelación con toda la historia clínica del invitado…en fin qué os voy a contar a quienes con seguridad habéis estado en Cuba. Yo no he ido a Cuba porque cuando hace un montón de años pensé en ir, me remitieron un cuestionario de preguntas en el que solo faltaba que demandasen la marca de los slips, por cierto, Invictus. Pues bien, Cuba, antaño prostíbulo yanqui según Castro hoy lo es de todo el mundo. En los países del este solo podían entrar en lugares públicos las izas, rabizas y colipoterras previamente autorizadas al efecto de modo expreso con una credencial que debían de exhibir al entrar en el local.

Y para rematar la faena el jefe del estado checoeslovaco era el General Svoboda y cuando aparecí por aquellos prados se celebraban los funf und swantig jahre sbovoda socialistkaya que en cristiano significaba veinticinco años de libertad socialista. ¡Y los españolitos que unos años antes habíamos celebrado los veinticinco años de paz en lo que había tenido tanto que ver nuestro desaparecido paisano Don Manuel Fraga!

Las tiranías de derechas han caído. El telón de acero ha caído pero Rusia es una democracia made in Putin. Venezuela aquella Venezuela ingenua y querendona que yo visité en 1976 con Locoven en el poder. Aquel que introdujo a Felipe González como polizón en España. Con una gran corrupción pero despilfarrando bolívares, petróleo y ganando concursos de miss mundo como en la actualidad. ¿Qué es hoy de Venezuela con el inmaduro Maduro?, y, ¿qué de Evo Morales?, y, ¿del ecuatoriano Correa?, y ¿del degenerado nicaragüense Ortega?, y, ¿la india Kirchner? Todas democracias. ¡Qué Dios os pille confesados!

Para terminar y no cansaros más, una anécdota. Recientemente ha fallecido un veterano comunista llamado Jerónimo Carrera, decía él soy Jerónimo con J de jodido y por esas raras casualidades de la vida coincidimos aunque no nos conocimos en Praga en 1972 pero volvimos a coincidir y allí sí que nos conocimos en Caracas en 1976. Un buen amigo venezolano radicado en Madrid, sedicente comunista aunque vivía como Dios en Francia como otros que conocemos de por aquí, me llevó a su domicilio. Si aún no era Presiente del Comité Central del Partido Comunista de Venezuela estaba a pique de serlo pues actuaba como tal. Era un verdadero prócer. En nuestra charla afloró la coincidencia en Praga. Y el recíproco tú, ¿por qué allí? Y yo le dije que quería conocer in vitro vuestro modo de vida y de actuación del pueblo llano. Pues yo, afirmó él con J, formando cuadros de sindicalistas para dirigir los correspondientes sindicatos en cada país. Pero, le argüí, si en los países comunistas ni permitís sindicatos ni huelgas ni manifestaciones. Y me dijo. Bueno en Polonia actúa Solidarnosc. Pero le apostillé, si está prohibido y encarcelados sus dirigentes. Lo están por subversivos pero no olvides que los gobiernos socialistas son quienes mejor defienden a los obreros por lo que no son precisos los sindicatos.

Recordé a Castro, sí a Fidel
Aquí en Cuba nadie se acuesta sin cenar.
Y el impertinente aguafiestas de turno
-Compañero, Fidel, no he comido ni tengo qué.
-Pues no te acuestes compadre.
¿El 30% de la población española hoy estará en parecidas condiciones cuales las que manifestaba el chorvo cubano? Pensadlo al menos un ratito.

Muy amables, muchas gracias y dispensad por la pota…vacía.
Goás Chao, Domingo
Goás Chao, Domingo


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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