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Por qué nunca fuí de izquierdas...

martes, 26 de noviembre de 2013
Ediciones de Buena Tinta ha publicado recientemente "Por qué nunca fuí de izquierdas... ni nacionalista, pero si liberal", de Domingo Goás Chao. He aquí las palabras de nuestro colaborador en la presentación del libro en Lugo el pasado día 19 de noviembre:

Presentación en la Sala Sargadelos de Lugo

Mis muy queridas amigas y amigos lucenses o según expresión feliz de Pablo Núñez moradores o habitantes del bosque sagrado de Augusto.
En mayo del pasado año de gracia y desgracias 2012 este mecenas que gira en el tráfico amical lo mismo como Jesús que como Quico nos acogió con su singular generosidad para presentar aquella vivencia personal que titulamos Una Aventura Europea. Y mirad por donde aquella anécdota nos ha proporcionado la suficiente autoridad moral y jurídica para denunciar la macabra y desvergonzada conducta de políticos y jueces jaleada por mercenarios de la prensa despoblando las cárceles de asesinos terroristas en base a una farsante y mendaz interpretación de la ejecución de las sentencias de Estrasburgo.

Pero, y rogando disculpas por el exordio no puedo pronunciar otra palabra en este solemne momento sin hacer pública ya que me resultó materialmente imposible haber estado presente en su día, mi más emocionada y sentida adhesión al acto público aquí celebrado en memoria de mi joven y gran amigo Andrés Páramo cuyo deceso, por lo inesperado me pilló con el pie cambiado. Quiero pues dedicarle un sincero recuerdo de afecto y admiración porque era una persona que se sentía libre. Era republicano y, como decía Dalí de Picasso respecto al pretendido comunismo de este último, yo tampoco. Lo cual no significa que haya mostrado ni dado nunca la menor prueba de monarquismo dado que ese tema me resbala fuera del coste de manutención de una u otra forma de representación del estado. Pero esa leve divergencia no fue óbice para que mantuviese hacia él y su ideología el mayor respeto y consideración. En uso exclusivamente de la sagrada libertad de ambos. Mi recuerdo perenne hacia el finado Andrés Páramo.

Debe agradecer públicamente además de lo expresado a la inmerecida presencia de todos ustedes, la estancia de mis acompañantes madrileños, en especial la de mis queridos editores Alex y Enrique y por descontado la de mi paisano chairego que conoce mi vida mejor que yo mismo cual Julio Giz al que cuando lo oigo hablar de mi o de mis modestas publicaciones creo que se está refiriendo a otras personas importantes o a libros best-sellers, nada de lo que se aproxima a mi modesta persona. A mis familiares y compañero de fatigas entendiendo por tales los sustos y sudores que nos producen las resoluciones judiciales. Gracias infinitas a todos y como decía un simpático pariente ya fallecido, “hay que ser sufridos”.

Venimos en esta ocasión a presentar un modesto ensayo que, aunque su título no llama a engaño, tampoco refleja la totalidad real del contenido del texto de aquel sino que como entendí obligado va más lejos denunciando la falacia de los políticos en general que han aprendido al pie de la letra y llevado a la práctica la desvergonzada expresión del viejo profesor Don Enrique Tierno Galván, posiblemente merecedor de ostentar el título de Tramposo mayor del reino cuando mientras mandaba a la juventud a que se fuese a “colocar” afirmaba de modo rotundo que las promesas electorales se hacían para no cumplirlas. Pese a ello seguimos votando a los promitentes.

Una vez más, esta obrilla, al igual que la anterior, es resultado de vivencias personales ya que por un lado por cuestiones profesionales me ha tocado vivir, sufrir, y pasmaos, disfrutar, por supuesto no soy en absoluto masoquista, de un admirable orden público bajo la bota militar de una serie de dictadores en el Cono Sur del Subcontinente latino americano donde la paradoja surgía porque en Brasil gobernaba es decir mangoneaba a su gusto un ciudadano de indudables apellidos indios cual el vasco Garrastazú o el italiano histórico Médici y en Paraguay el inconfundible guaraní de tez rubia, aria, conocido como el General Strössner que a lo peor en dialecto de los indios makás de la otra ribera del Pilcomayo significaba Hitler. Estábamos iniciando la década de los setenta.

La experiencia adquirida a la sombra de aquellos durísimos dictadores calificados de derechas cuando lo que eran simplemente asesinos, eso sí de comunistas y de súbditos del mal de la miseria y de la indignidad que les privaba de la condición de seres humanos a quienes padecían tal enfermedad incurable me impulsó con ansia quizá morbosa de comprobar con igual profundidad que había vivido aquellas inesperadas y se dijese lo que se dijese en España no tan acusadas primicias, las delicias de las denominadas democracias populares que por pura casualidad se habían establecido en la Europa Oriental y protegidas por un telón de acero según frase lograda de Winston Churchill tras la mayor tragedia bélica que sufrió la humanidad cual fue la II Guerra Mundial. No olvidemos la frase de Rooseveelt que aseguraba que las casualidades en política estaban siempre perfectamente estudiadas y calibradas.

Pues bien, llegué de vivir en unas dictaduras diestras en orden y desapariciones a otra más bien dictablanda que era la nuestra la cual con treinta años a sus espaldas avergüenza a quienes se dicen con la boca pequeña de derechas y sirve aun de piedra de escándalo a los zurdos.

Una vez recuperado del desastre económico en el plano personal de mi visita a los hijos de la Madre Patria de allende el Océano pues allí dejé todos los honorarios percibidos encaminé mis pasos un largo mes de agosto de 1972 a tratar de penetrar en los conceptos filosófico-políticos y maneras y modos de vida del denominado paraíso socialista.

No pretendí ir demasiado influido por el anarquista Valentín González, El Campesino quien había descrito al paraíso ruso como el lugar donde había escogido la esclavitud. Por eso no me atreví a ir a la URSS. Me limité a adentrarme en Checoslovaquia donde el socialismo preconizado como de rostro humano por el comunista Alexander Dubcek fue violenta y tiránicamente sustituido por el socialismo real a través del sátrapa Gustav Husack, títere y marioneta del Kremlin. Como anécdota el Jefe del estado Checoeslovaco con menor poder aún que el Rey Borbón se apellidaba Svoboda que significa libertad o felicidad. Por eso se celebraba aquel año de gracia “los 25 años de libertad socialista” algunos después de nuestros veinticinco años de paz.

Me adentré a continuación a la mártir Polonia ahora en manos y botas del General Jarucelsky.

En Polonia se había constituido el sindicato Solidaridad en los astilleros de Dantzig que aunque prohibidos y perseguidos hay que reconocer que fueron la semilla de la insurrección de 1989 gracias al acendrado catolicismo del pueblo polaco.

En Hungría pude detectar el odio cerval de los magiares al dominio ruso personificado en el traidor Janos Kadar que fue el propiciador del asesinato del patriota Imre Nagy refugiado en la embajada de , de aquella sufrida nación por una autopista construida por Speer el Ministro de Hitler. Dicha autopista la más discreta y púdica que llegué a transitar fue la única por la que circulé en toda mi vida sin que en sus arcenes hubiese más que una cortina de árboles que impedían contemplar cualquier obra del hombre. Ni una gasolinera, ni una fábrica, ni un pueblo, ni una casa de labranza. Solo cada par de kilómetros un aviso de SOS que allí debía entenderse como Sus…to.

Ahora, al ir cerrando mi ciclo vital puedo estar satisfecho de haber conocido sino paraísos, sí lugares confortables y de admirar así como a personas con quienes he compartido momentos inolvidables por sus coherencias y sus sentimientos. También hube de lamentar haber vivido en países que eran verdaderas cárceles donde la vida era como una papeleta de una rifa o un décimo de lotería, donde la libertad y la dignidad humana eran términos desconocidos y ahora cuando oyes que tu Nación proclama democracia y estado de derecho lo que podía ser sino un edén porque el estado de bienestar es insostenible, al menos un lugar donde pudieses dejar discurrir tus días con cierta estabilidad tanto moral, como anímica como en fin económica te encuentras con que la democracia la han prostituido los partidos políticos y así la han convertido en dictadura de partidos o partitocracia liberticida y el estado de derecho en una farsa donde no existe separación de poderes al no ser independiente el judicial, al no existir solo jueces profesionales sino enchufados a través de espurios turnos y además que soplan según la dirección del viento del partido a que pertenecen y un legislativo integrado por una mayoría de ineptos e ignorantes que cada ley que paren es como un feto teratológico y cuyo círculo vicioso acaban de cerrarlo con la vergonzosa y falaz ejecución de una sentencia inejecutable dictada por otro engendro como es el Tribunal de Estrasburgo ante el que tuve el honor de ser el primer abogado español que actuó ante el allá por los años 79/80 y donde solo se defienden los derechos humanos de los terroristas, delincuentes y, como decía la pragmática de Carlos III, demás gentes de mal vivir.

Amigos lucenses, perdón por la longitud de la charla. Si todavía creéis en la España presente que Dios os coja confesados. A mí ya solo me queda la extrema inanición gracias a la justicia fiscal de los ladrones, corruptos y falseadores de promesas electorales.
Goás Chao, Domingo
Goás Chao, Domingo


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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