HISTORIA DE GALICIA

La primera gran cultura que aparece en Galicia es la Megalítica, que se caracteriza por su capacidad constructora y arquitectónica, de la que dan fe la abundancia de restos de esta etapa: los dólmenes.

La riqueza mineral del suelo gallego, por su clima húmedo, atrajo habitantes de otros lugares. Aunque el incremento de población trajo consigo algunos conflictos, contribuyó al auge de la minería gracias a la producción de útiles, armas y joyas de oro o bronce.

Una de las etapas que más profunda dejó su huella es la cultura de los castros, o “castrexa”, resultado de la fusión de las formas culturales procedentes de la época del Bronce y de otras aportaciones novedosas. Los celtas introdujeron nuevas variedades de ganado, el caballo domesticado y, probablemente, el centeno.

Los castros son la manifestación más característica de esta cultura. Son recintos fortificados de forma circular situados en la cima de las montañas o cerca de la costa.

Más tarde llegaron los romanos. Tras una conquista que ellos mismos consideraron la más difícil de todas, Roma colonizó los pueblos que aquí vivían para aprovechar sus recursos mineros. Incluso reconocieron su personalidad convirtiéndola en provincia del imperio con el nombre de Gallaecia.

Con ellos trajeron nuevas técnicas, nuevas vías de comunicación, nuevas formas de organizar la propiedad, una lengua propia y una religión. Estas últimas se impusieron definitivamente en la época de los visigodos.

La Guerra de la Reconquista le confirió a Galicia un papel de extrema importancia por la aparición aquí del Sepulcro del Apóstol. A su alrededor había nacido la Capital de Occidente, la tercera de las ciudades santas de la cristiandad. Toda Europa tendrá presencia en Compostela, lugar en el que confluyen todos los caminos.



Tras la difusión a través del Camino de Santiago de la lírica trovadoresca, la lengua gallega vivió el peor momento de su historia en los llamados “Séculos Escuros”, en los que cualquier manifestación lingüística estaba prohibida.

Por fin en el siglo XVIII las minorías cultas comenzaron a tomar conciencia de la situación que atravesaba el idioma y, ya en el XIX, “o Rexurdimento”, hace posible la recuperación de la lengua como vehículo de expresión culta. La identificación de los intelectuales con el pueblo se traduce en la figura de Rosalía de Castro, o incluso también en la de Murguía o Pondal.


El siglo XX comienza en Galicia con las reivindicaciones de carácter regionalista, en un principio, y nacionalista más adelante. El movimiento intelectual “As Irmandades da Fala” es el principal difusor, con su revista “A Nosa Terra” de la ideología galleguista. Son también el punto de partida de todas las reivindicaciones de autogobierno para Galicia. El 28 de junio de 1936, 999.351 gallegos votaron a favor del primer Estatuto de Autonomía de Galicia, documento que Castelao entregó en las Cortes pero que la Guerra Civil impidió llevar a cabo.

Durante el Franquismo, o “longa noite de pedra”, como le llamó Celso Emilio Ferreiro, el nacionalismo quedó oprimido por la represión y cualquier uso del gallego podía acarrear problemas.

En 1944 se publica “Sempre en Galiza”, de Castelao, una de las obras más importantes del nacionalismo gallego. La fundación de la Editorial Galaxia supone un cambio en la forma de actuar de los nacionalistas, ahora volcados en la cultura. En 1964 aparecen dos partidos políticos: la Unión do Pobo Galego, con Méndez Ferrín, y el Partido Socialista de Galicia, con Beiras, que posteriormente fundaría el Bloque Nacionalista Galego, con la unión de varios partidos.


La llegada de la democracia supone un radical cambio en la estructura política de Galicia, gracias a la aprobación y entrada en vigor del actual Estatuto de Autonomía. Entre una de las novedades que incorpora se encuentra la declaración del gallego como idioma oficial de Galicia que debe ser apoyado y fomentado por las instituciones públicas. Así, el gallego dejará de tener un uso principalmente coloquial para ser sometido a un proceso de normalización. En enero de 1982 Xerardo Fernández Albor toma posesión como primer presidente de la Xunta de Galicia.




Galicia: mil ríos, dos mares, duras cumbres y plácidos valles; siete grandes ciudades, un idioma riquísimo y milenario, dos mil años de historia escrita y un camino abierto al futuro.